Blog que pretende expicitar inquietudes literarias, filosoficas y contrastar opiniones en el amplio campo de las humanidades.
sábado, 24 de diciembre de 2011
HASTA LUEGO, AMIGO ERNEST
La vida nos sorprende a menudo con hechos que el hombre no termina de asumir, cuando el fallecimiento de un ser querido, un familiar, o un amigo, como solemos decir, son ley de vida.
El repentino fallecimiento del amigo Ernest Vallhonrat nos ha dejado conmovidos. Era una persona con excelentes cualidades, su afabilidad, franqueza y exquisita educación provocaban que a poco de conocerle valorásemos su sincera amistad y con la frecuente relación surgiese un afecto y estima que calaba en el corazón con la transparencia, autenticidad y belleza de las gotas de rocío posadas sobre pétalos de rosas.
La coherencia con su forma de pensar y actuar le acreditaban valores que trascendían más allá del concepto puramente humano. Defensor de la vida, el trabajo y la honestidad, valores que elevaba a virtud confiriéndoles un sentido trascendente, y así los que nos alineamos con su concepción de la vida, no podemos por menos que decir “hasta luego, Ernest”. No se si nosotros seremos merecedores del reencuentro, pero seguro que los méritos contraídos por Ernest lo situarán en el lugar reservado a los hombres de bien, allá donde el tránsito terrenal da sentido a nuestra existencia.
Tarragona, 11 de diciembre de 2011
Luis Álvarez de Vilallonga
lunes, 5 de diciembre de 2011
TOLERAR O DISCRIMINAR UNA LENGUA
Hay asuntos que en política resultan incómodos, comprometidos y difícilmente abordables. Uno de ellos son las lenguas autóctonas, lenguas españolas distintas a la común del país, (quiero decir del Estado, no fuera que se me vayan a ofender algunos nacionalistas), ya sé que Cataluña es un país y también lo son las llamadas comunidades históricas y hasta merodea por la alacena de mi cerebro aquella proclama de Rodríguez Z. “La Nación española es un concepto discutido y discutible”, todo un batiburrillo de conceptos semánticos para poner en solfa o cuestionar lo evidente. Pero volvamos al asunto.
Partiendo de la base de que al castellano se le llama español, precisamente por ser la lengua común en todo el territorio además de atesorar un trascendente rango internacional, y sin desmerecer ni cuestionar las lenguas autóctonas de otras comunidades en las que sus oriundos y habitantes se desenvuelven en mayor o menor porcentaje y cuya tutela debe preservarse por ser un bagaje cultural e identitario y una opción legítima, conviene señalar que nunca una lengua debe imponerse en detrimento de otra y, ahí estriba la libertad de poder elegir libremente la opción que ofrece un bilingüismo real e innegable existente en nuestra comunidad. Hoy día, nadie medianamente sensato cuestionaría que el catalán, el euskera o el gallego puedan desarrollarse libremente en la escuela, en las instituciones o en el ámbito social, pero sí se cuestiona desde las administraciones autonómicas el derecho constitucional de todos los españoles a ser escolarizados en la lengua común de España. Estamos de acuerdo en potenciar cuanto se quiera nuestra lengua identitaria, pero nunca discriminando la común. Los próceres nacionalistas están cayendo en la misma política franquista pero a la inversa cuando se discrimina desde la administración autonómica una lengua oficial tan legítima como la propia.
Los argumentos de un sector nacionalista de que nuestra lengua pudiera llegar quedar reducida a algo testimonial es una fantasía. En efecto, si durante la dictadura, cuando no se permitía la enseñanza del catalán y que por otras razones la burguesía catalana, y muy especialmente la barcelonesa optó por utilizar el castellano en la vida social, no se logró que nuestra lengua sufriese ningún cataclismo, hoy la lengua catalana es asumida como algo natural y su inmersión desde la Generalitat garantiza su uso y correcto aprendizaje. Otra cosa muy distinta es el carácter competitivo que se ha querido establecer entre las dos lenguas oficiales utilizando argumentos procelosos que señalan al castellano como culpable de entorpecer la mayor utilización del catalán. De la misma forma que no solo es bueno si no deseable la integración de nuestra lengua en la población inmigrante, también es lógico que la forma de expresión elegida por alguien en un determinado momento frente a un determinado interlocutor, sea la que cada cual considere oportuna y libremente.
En otro sentido, no cabe duda que la lengua, siendo el vehículo genuino de comunicación, en ocasiones se presenta como una frontera insalvable para ciertos estamentos y posturas radicales, es cuando se anatematiza su uso abrasando al músculo de la oratoria. En la vida social no existe ningún conflicto de lenguas, solo en las esferas políticas e institucionales se empeñan en airear un problema que, para los nacionalistas en el fondo radica en asumir que Cataluña tiene un idioma oficial en una nación sin Estado y otro idioma, igualmente oficial, de un Estado al que pertenecen.
Episodios surrealistas como el acontecido en el Parlamento Catalán observando al conseller de salud Boi Ruiz pidiendo perdón a la cámara por habérsele escapado una frase en castellano en contestación a una pregunta del diputado de Ciudatans Jordi Cañas: “El Gobierno de Cataluña no, y además no tiene la competencia” “Perdó”, nos da una idea hasta que punto se instrumentaliza la lengua políticamente.
El problema del nacionalismo en realidad no es la lengua sino el poder. En todo caso hoy para ser aceptado en la cultura oficial catalana, no basta con hablar, escribir o preocuparse por nuestra lengua, además hay que ser nacionalista. Ciertamente nuestra Constitución, en cuanto a la lengua castellana, la salvaguarda plenamente blindada, en el sentido de que ninguna ley puede impedir su uso en la administración pública en todo el Estado, pero de hecho, no deja de ser papel mojado por más que el texto se sustente en el articulado de nuestra Carta Magna.
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 30 de noviembre de 2011
miércoles, 9 de noviembre de 2011
LA OTRA CARA DEL LAICISMO
En las democracias laicas, el poder mediático constituye un elemento fundamental desde donde se instrumenta el debate de ideas siendo esta la principal fuente que el ciudadano tomara como referencia para informarse, razonar y formar criterios sobre política, religión, educación y otras cuestiones menores.
En nuestra joven democracia la libertad de expresión es una asignatura que hemos superado con nota. Sin embargo, siendo el Estado aconfesional resulta, hasta cierto punto normal, que desde el sector público se de una orientación laica que de coherencia al sentido de la norma establecida constitucionalmente, pero de ahí a ejercer un proselitismo salvaje de un laicismo agresivo que pretende impedir el derecho al libre ejercicio de de las enraizadas prácticas religiosas, permitiendo impunemente la ofensa, el ultraje, la vejación y profanación de signos, lugares o símbolos religiosos, sin tomar acciones drásticas que penalicen estos comportamientos indignos, son la muestra palpable de hasta donde puede llegar la permisividad de los responsables de un gobierno en cuestiones religiosas, complaciendo a los sectores más intolerantes y belicosos contra la libertad religiosa.
Vergonzosos episodios como el acaecido en la capilla de Somosaguas de la Universidad Complutense, donde irrumpieron unos asaltantes zarandeando al capellán, rodeando el altar gritando proclamas obscenas e insultos contra la religión católica, al tiempo que mujeres desnudando su busto llenaban capilla de carteles ofensivos contra la Iglesia, el Papa y los cristianos. Este es el resultado de una política de intoxicación donde el Estado pretende ejercer el control de todo y evitar las manifestaciones religiosas, el rezo o la creencia en Dios.
Organizaciones laicistas pretendían escenificar la pasada Semana Santa en Madrid procesiones “ateas” paralelas, con pasos como La Hermandad de la Santa Pedofilia, La Cofradía del Papa del Santo Latrocinio, o La Cofradía de la Virgen del mismisimo c…
con el beneplácito de las autoridades. Solo la protesta de más de 100.000 personas consiguió la prohibición de la delegada del Gobierno.
Toda una muestra de la orientación laicista que no se detiene ahí. Afortunadamente esta actitud nefasta, carente del respaldo de la ciudadanía , incluidos aquellos apartados de la práctica religiosa y de infinidad de personas ajenas a la religión pero respetuosas con la opción libre de cada individuo, demuestran que solo ciertos grupos, llevados por la adhesión política, el nihilismo, el relativismo y la sinrazón, pueden transformarse en fanáticos intransigentes pisoteando derechos y libertades en contra toda manifestación religiosa, especialmente la católica, es contemplado impasiblemente por los responsables de la libertad y el orden. La corriente antirreligiosa que nos invade, exclusivamente contra el cristianismo, no es casual, las actitudes antirreligiosas en política resultan fáciles de identificar y este gobierno ha dado sobradas muestras de ello.
Contrasta el modélico comportamiento de los participantes en el JMJ. Miles de jóvenes católicos, creyentes y no creyentes, atraídos por el mensaje del Santo Padre, son un ejemplo de civismo que colisiona con la inaceptable actitud agresiva de grupos radicales (indignados o no) instalados en la Puerta del Sol. Y es que los mensajes de de paz, concordia y amor calan en las conciencias de las personas de buena voluntad.
Cuando la religión y la moral se relegan de la conciencia aparece la crisis de valores, la dignidad humana se desmorona y ante la desnudez de espíritu, aflora el hombre ególatra, hedonista, epicúreo, perdido en un ateismo nihilista e incapaz reconocer su insignificancia frente a la realidad de su propia esencia.
Pero libertad y religión van mucho más allá de las convicciones individuales de cada individuo, el Estado es parte vital de esa relación. Aunque lo fácil sea inhibirse alegando que la religión es cosa privada, es innegable que su liturgia, la percepción del bien y del mal o una determinada actitud frente a la vida, trasciende el ámbito meramente privado ya que este sentir impele a una enorme realidad colectiva y por tanto implica una evidente connotación política y social, de forma que la religión no puede desligarse plenamente de lo público.
La idea del liberalismo, que parece tomar fuerza en los últimos tiempos, nos plantea cuestiones espinosas como la libertad de cultos en el más estricto rigor, sin tomar en consideración las raíces, tradición y arraigo del hecho religioso en nuestro país, poniendo en el mismo saco la validez y legitimidad de cultos ajenos a nuestra civilización europea, importados de otras culturas etnias y continentes.
Frente a este panorama, a los creyentes, no nos toca más que reafirmar nuestras convicciones, sin ocultar nuestras creencias, respetando otras opciones pero exigiendo el mismo respeto por las nuestras que, desde Erasmo o Tomas Moro son fundamento e identificación del hombre con el humanismo cristiano.
Luis Álvarez de Vilallonga
miércoles, 2 de noviembre de 2011
LICEOS, CÍRCULOS, ATENEOS Y CASINOS CULTURALES

Hablar en el siglo XXI de estas entidades parecería algo desfasado y hasta anacrónico. Lo cierto es que su actividad social se ha visto mermada por la nueva realidad, marcada por nuevos conceptos y elementos surgidos en el desarrollo cultural: la informática, las redes sociales y los planteamientos de ocio en las nuevas generaciones, el envejecimiento de su masa social, la falta de inversión y la insuficiencia económica, ha provocado que los edificios o las emblemáticas sedes sociales que los albergan, y que durante épocas habían aglutinado la actividad cultural y social de las ciudades, hayan desaparecido, se hayan trasladados a centros más modestos o que locales y edificios en propiedad pasaran a manos municipales asumiendo los Ayuntamiento las deudas acumuladas.
Sin embargo la mayor parte de la sociedad está de acuerdo en considerar que el poso, la tradición, carácter, abolengo e identidad que estas instituciones suponen para la idiosincrasia y personalidad de cada ciudad, deben permanecer como testimonio del buen hacer de la sociedad civil en pro de la cultura, el ocio y el esparcimiento en el ámbito ciudadano.
Recuperar la actividad social y cultural del estancamiento no es tarea fácil. Muchas instituciones están amenazadas por el anquilosamiento y la antigüedad de sus estructuras, otras se han adaptado a dinamismos en los que prevalecen actividades para jóvenes, no contempladas en sus primitivos estatutos, y la mayoría se abrieron a la colaboración e interrelación con otras asociaciones con proyectos afines.
Nuestro Casino, no ha sido una excepción. Sufrió un duro golpe al perder su emblemática sede de la Rambla Nova. Los esfuerzos y desvelos de su Presidente y Junta Directiva con el asesoramiento e inestimable colaboración de la letrada Mireya Aymat, llevaron a buen puerto aquel e incierto viaje que supuso el destierro de nuestra Rambla, y hallaron la concluyente y valiosa colaboración municipal, consciente de lo que significaba la perdida de una entidad de tan rancio abolengo y prestigio para la Ciudad.
El compromiso fue definitivo para la subsistencia en la nueva sede de San Antoni Mª Claret, con la expectativa y confianza ilusionante de regresar en un futuro a la principal arteria de nuestra ciudad, en el edificio donde se ubica el teatro Metropol, cuya rehabilitación está prevista por el Ayuntamiento, aunque la actual coyuntura económica obligue renunciar al proyecto a corto o medio plazo.
No cabe duda que en un futuro, ya enclavados en la Rambla Nova, la sociedad de Tarragona responderá y rescatará a nuestro Casino de su eventual declive. Jóvenes emprendedores tendrán la ocasión de regir esta prestigiosa entidad, adaptándola a los nuevos tiempos, con usos adecuados a nuestro siglo, para que vuelva a ser un centro dinamizador de actividad social y cultural de la Ciudad.
El Teatro Metropol, el posible museo Jujol y nuestro Casino, reunidos en un mismo edificio constituyen una combinación perfecta para el resurgir de una nueva efervescencia cultural en el centro de Tarragona, donde la ley del tiempo y evolución social posibilitó que la burguesía de antaño abriera nuevos horizontes para impulsar iniciativas de jóvenes emprendedores que revitalicen una nueva forma de interrelación social, donde quepan proyectos innovadores que estimulen un Casino dinámico, motor de iniciativas culturales, abierto a otros colectivos y que sea un lugar de cultura, encuentro, tertulia y debate social.
Luis Álvarez de Vilallonga
viernes, 30 de septiembre de 2011
FORÇA, EQUILIBRI, VALOR I “SENY”
Septiembre se desprendió del calendario y nos queda el regusto de las fiestas de Santa Tecla con el protagonismo relevante d’els Castells. Siempre las colles dan ese toque de identidad, de autoafirmación a nuestra idiosincrasia.
Este año nos ha llenado de satisfacción y de de orgullo, la gesta de la Joves dels Xiquets de Tarragona con un monumental cinc de nou carregat en plaça de la Font el día de nuestra patrona por primera vez en su historia.
Analizando el slogan que titula este artículo, convenimos que un castell es una combinación de estos cuatro atributos aunque en lo referente al seny uno plantearía cierta reserva. En efecto, el arraigo del fet casteller en nuestras comarcas es algo consustancial con la forma de ser, de manifestarse y hasta de vivir en un amplio sector de nuestra ciudadanía. Es así que el riesgo que supone levantar torres humanas de tanta envergadura, es asumido por todo el món casteller. El debate, la cuestión o la duda se suscita cuando, desgraciadamente, se produce un accidente mortal y este mínimo porcentaje de riesgo y afortunadamente exigua pero cruel estadística es asumido voluntariamente por personas adultas. Pero el dilema ineludible gravita en el pom de dalt: dosos, l’aixecador i l’enxaneta integrado por menores y criaturas que llevadas por la tradición castellera de sus progenitores soportan un riesgo real, que sin su aportación no sería posible alcanzar las impresionantes construcciones que nos entusiasman.
Es aquí donde el seny bascula entre el sentimiento, la tradición y el entorno de quien vive esta ancestral experiencia desde adentro con el riesgo, quizá inconsciente, que asumen los progenitores, en todo caso sin plantearse, o acaso veladamente, un peligro latente que por pequeño que sea esta ahí y, el razonamiento frío y cabal de algo que entraña un riesgo, sin entrar en mayores disquisiciones.
Uno que vive els Castells desde afuera, no estaría dispuesto a que un vástago se encaramara a la cúspide de un castell por mucho orgullo que suponga levantar l’aleta, pero entiende que un planteamiento meramente racional no encaja en la famìlia castellera cuyas collas son parte de un espíritu, un concepto identitario y una especial personalidad.
Sin establecer un paralelismo estricto, en términos generales podríamos señalar que en los castellers, el riesgo que asumen se asemeja al del profesional de la F-1 o moto GP que compite en los circuitos, la diferencia estriba en que unos lo soportan como profesionales remunerados y el casteller lo asume altruistamente, por un sentimiento, un arraigo y una tradición que se prolonga más allá de su yo personal. La fuerza de la tierra, el origen, y la realidad cultural de todo un pueblo avalan una pasión que, personalmente, frente a hitos como el del pasado día 23, provocara que a uno se le humedecieran los ojos.
El respeto a la opción libre y personal de cada individuo hace que mí personal reflexión no pretenda constituir una estrategia en defensa de una determinada causa. A cualquier postura diametralmente opuesta a la de uno le sobrarían razones en un debate público para una defensa razonable.
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 1 de octubre de 2011
sábado, 3 de septiembre de 2011
INTELECTUALES Y PROFANOS
Ya desde la antigüedad, y en todas las épocas, el establecimiento de niveles del saber ha sido una constante con períodos fuertemente marcados que establecían una barrera social limitando el desarrollo del conocimiento en el “vulgo” condenándolo a permanecer en el ostracismo ilustrativo. Horacio despreciaba a la “chusma” entendida como masa ignorante.
La misión del intelectual es el ejercicio permanente del magisterio. Hoy en una sociedad sensibilizada por el conocimiento y la sabiduría donde, la paidología constituye un elemento importante para el desarrollo integral de los niños y la escolarización es un derecho establecido por ley, los jóvenes, una vez alcanzada su madurez, deberían estar en disposición de absorber los mensajes de los intelectuales. Sin embargo, lamentablemente la simplificación y el reduccionismo imperante en el sistema educativo, sobre todo en determinados campos de la educación y el conocimiento, son una losa que se arrastra marginando elementos fundamentales para la formación de los jóvenes. Sin el esfuerzo, la constancia y la tenacidad el mecanismo intelectual se atrofia y ya no se es capaz de discernir entre lo burdo y lo exquisito, lo académico y lo vulgar, o lo culto y lo prosaico.
La destrucción del intelecto implica la destrucción de la cultura en términos formales y así la lengua y las formas degeneran en nuevos fenómenos instrumentados que responden al fracaso en los procesos formativos y académicos desde la escolarización.
Constantes como el exceso de tolerancia en la ruptura o en la trasgresión de la norma educativa, la adulteración semántica, el abandono de principios básicos en la docencia y la desmotivación de los profesionales, conduce a intuir que el conocimiento no es producto del intelecto solitario y unilateral, sino la percepción colectiva volitiva del conjunto social.
Los intelectuales no debieran considerarse una casta. Nietzsche distinguía la sociedad en dos estratos uno superior, cuyo alimento es la cultura, y otro inferior para el que la sapiencia se asemejaba a un virus del que había huir. Hoy las mayorías se encuentran a caballo entre las dos, es decir ni intelectuales ni profanos, no obstante el hombre estereotipado necesita del intelectual para ampliar su capacidad cognitiva. Sin perder de vista la arrogancia y pedantería de ciertos intelectuales, que acaparan conocimientos sin ánimo de desprenderse de ellos, la elite suele conectar mediante la pluma fácil y legible, la circulación de ideas y el dialogo con el pueblo llano, afortunadamente hoy, ya despojado de epítetos despectivos como vulgo, chusma o plebe.
La educación no solo corresponde a los centros académicos, también los intelectuales, los medios de comunicación, los políticos y los referentes sociales tienen una gran responsabilidad en el tránsito del estrato profano hacia el conocimiento y el saber. Sin embargo queda todavía muy lejos el desarrollo de la cultura de masas, sobre todo en el terreno de la filosofía y las bellas artes.
Lamentablemente un medio tan poderoso como la TV no solo ha renunciado a la función formativa, muy al contrario, ciertos programas tienden a desculturizar no solo por su contenido, también un lenguaje soez y vulgar penetra en las casas donde la pantalla ha desplazado al libro. Sin embargo un espectáculo como el fútbol es capaz de acaparar cotas altísimas de audiencia sin detrimento de la cultura, porque la imagen y la competición prevalecen sobre cualquier otro concepto, es la simbiosis perfecta con el medio y de esa droga nadie se salva, eruditos, aristócratas, titulados o gente corriente beben de este fenómeno sociológico de masas que escapa a cualquier análisis objetivo y donde convergen intelectuales y profanos.
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 1 de septiembre de 2011
jueves, 4 de agosto de 2011
MILTAR EN LA IZQUIERDA AQUÍ Y AHORA...
Quedan atrás, en la memoria de la vieja Europa, el desmantelamiento de los postulados comunistas, el rechazo al marxismo y la crítica hacia la antigua URSS fuente de la quimera del proletariado. Hoy, en el siglo XXI, es cuanto menos complejo incardinar el pensamiento de izquierda contemporáneo en el sistema capitalista, por más que la metamorfosis experimentada en el socialismo, desde las antiguas teorías, marxistas, toroskistas o leninistas, que establecían el binomio estado-partido, hasta la social democracia, parece un tránsito lleno de renuncias, contrasentidos o subordinaciones a la realidad de un sistema que no convence a nadie pero huérfano de alternativa.
Sin eximir a la derecha de sus errores, manejos, clientelismos u otros vicios endémicos de la clase política, las dos ultimas legislaturas socialistas nos dejan un sinfín de rémoras, nos sumergen en un limbo de sospechas y nieblas, desvirtúan la apuesta por la participación democrática y abanderan los aspectos más negativos de la sociedad, propiciando el auge del relativismo y el fundamentalismo. Todo obedece a intereses, y el desconcierto, la frustración, el desengaño y crispación se apoderan de una sociedad incapaz de reaccionar si no es a modo de “indignados”.
Ser de izquierdas hoy pasa por aceptar que la sociedad civil debe ser el motor de la economía. El intervencionismo del Estado debe reducirse a los servicios básicos e imprescindibles. Paradójicamente la tendencia “moralizante” del gobierno del PSOE contrasta con la tradicional crítica conservadora sobe cuestiones morales, hoy insertadas en leyes que invaden la conciencia individual. Es el intervencionismo puro y duro de un Estado empecinado en “protegernos” fiscalizando nuestra propia libertad de pensamiento, un moralismo hipócrita basado en la imposición de una determinada ética de izquierdas que arrase con la ancestral moral judeo-cristiana arraigada en Europa.
Hoy cualquier persona moderada de izquierdas, no militante, podría votar las siglas PP. y viceversa con las PSOE, exceptuando la calamitosa gestión de las dos últimas legislaturas, pero la militancia supone un caldo de cultivo para una incondicional servidumbre y predispone al clientelismo político, al sometimiento ideológico y la renuncia a la autocrítica.
Las libertades conseguidas en el ámbito político, sexual, religioso o económico no son propiedad de izquierdas ni derechas, han sido la contribución democrática de unas generaciones ávidas de emular referentes de la Europa más avanzada, sin embargo esa teórica libertad es, en muchos aspectos es objetivamente inalcanzable, solo hace falta dar un repaso a nuestra Carta Magna para convenir que derecho y libertad no suelen ser siempre vasos comunicantes, excepto en sectores privilegiados de la sociedad, y en este sentido cuestionamos que nuestra democracia disipe las reservas sobre la capacidad de corregir el desequilibrio social y económico donde cualquier ideología está obligada a rendirse a la globalización de los mercados.
Hoy más que nunca el paro, la pobreza y la marginación son amenazas presentes en muchas familias y nos resulta pueril considerar que la izquierda tenga la solución a un problema que en buena parte ha creado. La mentira, con su envoltorio de fraude, nos ha llevado a una situación alarmante, mientras resulta patético el espectáculo de diputados y senadores oyéndoles refocilar ante cualquier desatino del adversario. No nos queda más que esperar a que el ansiado ya de paso al ¡por fin!
El camino está en recuperar la escala de valores que devuelva a la sociedad una concepción humanista integradora, frente al actual individualismo ególatra que domina al hombre de hoy.
Quizá la derecha tropiece en las mismas piedras, pero deberá tener presente que se gobierna por delegación de las urnas y que presidir un gobierno no significa propiedad ni usufructo.
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 3 de agosto de 2011
Sin eximir a la derecha de sus errores, manejos, clientelismos u otros vicios endémicos de la clase política, las dos ultimas legislaturas socialistas nos dejan un sinfín de rémoras, nos sumergen en un limbo de sospechas y nieblas, desvirtúan la apuesta por la participación democrática y abanderan los aspectos más negativos de la sociedad, propiciando el auge del relativismo y el fundamentalismo. Todo obedece a intereses, y el desconcierto, la frustración, el desengaño y crispación se apoderan de una sociedad incapaz de reaccionar si no es a modo de “indignados”.
Ser de izquierdas hoy pasa por aceptar que la sociedad civil debe ser el motor de la economía. El intervencionismo del Estado debe reducirse a los servicios básicos e imprescindibles. Paradójicamente la tendencia “moralizante” del gobierno del PSOE contrasta con la tradicional crítica conservadora sobe cuestiones morales, hoy insertadas en leyes que invaden la conciencia individual. Es el intervencionismo puro y duro de un Estado empecinado en “protegernos” fiscalizando nuestra propia libertad de pensamiento, un moralismo hipócrita basado en la imposición de una determinada ética de izquierdas que arrase con la ancestral moral judeo-cristiana arraigada en Europa.
Hoy cualquier persona moderada de izquierdas, no militante, podría votar las siglas PP. y viceversa con las PSOE, exceptuando la calamitosa gestión de las dos últimas legislaturas, pero la militancia supone un caldo de cultivo para una incondicional servidumbre y predispone al clientelismo político, al sometimiento ideológico y la renuncia a la autocrítica.
Las libertades conseguidas en el ámbito político, sexual, religioso o económico no son propiedad de izquierdas ni derechas, han sido la contribución democrática de unas generaciones ávidas de emular referentes de la Europa más avanzada, sin embargo esa teórica libertad es, en muchos aspectos es objetivamente inalcanzable, solo hace falta dar un repaso a nuestra Carta Magna para convenir que derecho y libertad no suelen ser siempre vasos comunicantes, excepto en sectores privilegiados de la sociedad, y en este sentido cuestionamos que nuestra democracia disipe las reservas sobre la capacidad de corregir el desequilibrio social y económico donde cualquier ideología está obligada a rendirse a la globalización de los mercados.
Hoy más que nunca el paro, la pobreza y la marginación son amenazas presentes en muchas familias y nos resulta pueril considerar que la izquierda tenga la solución a un problema que en buena parte ha creado. La mentira, con su envoltorio de fraude, nos ha llevado a una situación alarmante, mientras resulta patético el espectáculo de diputados y senadores oyéndoles refocilar ante cualquier desatino del adversario. No nos queda más que esperar a que el ansiado ya de paso al ¡por fin!
El camino está en recuperar la escala de valores que devuelva a la sociedad una concepción humanista integradora, frente al actual individualismo ególatra que domina al hombre de hoy.
Quizá la derecha tropiece en las mismas piedras, pero deberá tener presente que se gobierna por delegación de las urnas y que presidir un gobierno no significa propiedad ni usufructo.
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 3 de agosto de 2011
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