jueves, 27 de septiembre de 2012

MANIFESTACIÓN SECESIONISTA

No cabe duda que la manifestación del pasado 11 de septiembre es un importante punto de inflexión para el camino iniciado por los independentistas hacia la soberanía de Cataluña.

Hoy los eufóricos secesionistas celebran la contundente respuesta popular y consideran que el pueblo catalán se ha manifestado unánimemente. Pero ¿quién es el pueblo? ¿quiénes los ciudadanos de Cataluña?, acaso los que el 11 de septiembre en número de 1 millón 2 o incluso 3, si se quiere, acudieron a la manifestación separatista o, los 4, 5 o 6 millones de catalanes que se quedaron en casa. Entiendo que la suma de ambos configuran el pueblo catalán, es así que lo sensato y prudente sería no sacar conclusiones prematuras, equivocas o partidistas de este 11 septiembre aun considerando la importancia de la convocatoria. Cierto es que posiblemente miles de personas son partidarias de la independencia pero no menos cierto es que muchas otras no lo son y abogarían por distintas fórmulas como integrarse en un hipotético estado federal.

Lo fácil es rendirse al éxito obtenido en una convocatoria promovida por la Assemblea Nacional Catalana con su presidenta Carme Forcadell al frente transmitiendo un mensaje valiente e inequívoco, y La Associació de Municipis per l’Independencia con su presidente Josep Mª Vila d’Abadal al frente que, efectivamente han conseguido un éxito sin precedentes al convocar a la mayoría de independentistas convencidos, pero ello es solo la expresión del sentimiento de una parte del pueblo, el resto está por ver.

Me pregunto porque el Presidente de la Generalitat no tiene la valentía de convocar o delegar una consulta popular (uno ya no se plantea el riesgo que asumiría si pudiese efectuarse un referéndum vinculante, hoy a todas luces inviable) con una pregunta clara y concreta: ¿Desea la secesión de Cataluña del Estado Español? Si-No. Entiendo que es la clase política la que sería consciente del peligro que entrañaría para los partidos nacionalistas la pérdida de un plebiscito de esta naturaleza, al fin y al cabo todos viven de manejar los fondos públicos, y su discurso en el fondo afecta más a sus intereses que al de los ciudadanos de Cataluña.

El pulso con el Estado está echado, ya no existe margen para el concierto económico, solo queda la consulta popular y el adelanto de elecciones con un programa claro y abierto de cada partido, abogando o rechazando la secesión del Estado Español.

En todo caso los mecanismos legales en democracia debieran respetarse y mucho me temo que pretenda imponerse la voz de parte del pueblo al margen de las urnas.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona, 12 de septiembre de 2012

miércoles, 5 de septiembre de 2012

SI TOMÁS MORO LEVANTASE LA CABEZA


Podría ser cualquier santo, hombre de bien o persona que reconociese en la honestidad, honradez e integridad parte esencial del ser humano y, que efectivamente al levantar la cabeza sintiera vergüenza de políticos y gobernantes. Pero es a Santo Tomás Moro quien ha tocado sufrir mayor escarnio y bochorno por ser el patrón de esta casta, caterva o juria de interesados que nos gobiernan.

Fue el 31 de Octubre de 2.000 cuando el Papa Juan Pablo II proclamó a Tomás Moro patrón de políticos y gobernantes, claro que para aquel entonces la desvergüenza política todavía no había alcanzado las cotas se sinrazón y gestión esperpéntica de los últimos años. La designación fue coherente, acertada y ejemplarizante al converger en el Santo la Cancillería de Inglaterra en el siglo XVI y negarse Tomás a prestar juramento de fidelidad a Enrique VIII como cabeza de la Iglesia en Inglaterra, llegando a la muerte, por defender los derechos de conciencia.

El rey había repudiado a su esposa Catalina de Aragón con la pretensión de que Clemente VIII anulase su matrimonio, al negarse el Papa, Enrique VIII se proclama cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Dos voces discordantes surgen por encima del Parlamento, que acataría la autoproclamación de su rey, Tomás Moro y Juan Ficher obispo de Rochester también ejecutado por negarse a firmar la formula por la que el rey se convertía en cabeza de la Iglesia.

El Lord Canciller de Inglaterra, además de excelso humanista, representa la rectitud de conciencia y por tanto rectitud de justicia. Sufrió una autentica pasión encarcelado en la Torre de Londres, dando sentido y coherencia a su convicción cristiana. La canonización le llegó en 1935 siendo Pontífice Pio XI. Así anglicanos y católicos lo reconocen como un mártir comprometido en la salvaguardia de los derechos jurídicos de conciencia.

Hoy, cuando uno observa el espectáculo político manejado por esa clase nefasta e intocable de políticos interesados, cuando no corruptos, siente también vergüenza e indignación de estos gobernantes que, en realidad, solo tienen como patrón al dinero, al sillón del congreso, de su comunidad autónoma o del ayuntamiento de turno. ¡Que pena! que uno de los personajes más relevantes del siglo XVI, máximo representante del humanismo en el Renacimiento, sea patrón de este atajo de impresentables, cínicos e hipócritas que nos gobiernan. Podrán interpelarme que no todos lo políticos lo son, y es cierto, pero yo añado que también la corrupción en el ámbito institucional ha crecido de forma exponencial desde las Cortes Constituyentes hasta hoy. Los que consienten, callan, ocultan o miran hacia otro lado también son responsables de la malversación, escándalos o prevaricación de toda una manada de acólitos rendidos a prebendas de políticos que nos han llevado al caos financiero y a la precaria situación del ciudadano de a pié.

Santo Tomás es el modelo, si se quiere utópico, de mantenimiento a ultranza de valores y principios del político al servicio del interés común por encima de formas legales e inmorales establecidas por regímenes absolutistas. Quizá por eso Juan Pablo II lo consideró idóneo como mártir y defensor hasta la muerte de la inalienable dignidad de conciencia.
Sólo le pediría al santo que cuando levantase la cabeza, restituyese la honradez y la ética que como patrón representa, dando un brusco golpe de timón que tirase por la borda todo este lastre nauseabundo, con nombres y apellidos, acumulado durante años que acabará por hundir el país.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona, 2 de Septiembre de 2012

viernes, 3 de agosto de 2012

DE COLORES


No se inquieten, no se trata de aquellos cursillos de Cristiandad que se celebraban en Creixell allá por finales de los años 50, ni del color, el sentido o el número de franjas de las banderas que debían ondear en los edificios oficiales y que en su día fue motivo de disputa. En esta ocasión, los polémicos colores (verde, azul o calabaza) que delimitan los espacios de aparcamiento en nuestras vías públicas son los culpables de la disputa entre la ciudadanía y la administración. La aparición en determinadas aéreas urbanas las coloridas franjas, nunca había levantado tanto revuelo entre vecindarios, seguramente ello obedece a la aplicación del plan de movilidad, que nuestro dinero ha costado, diseñado por los sesudos técnicos municipales.

Al margen de los razonamientos que puedan esgrimir las personas o colectivos afectados que disienten de la decisión municipal, es tan lícito ejercer tanto la reprobación razonada como la réplica por parte de la administración argumentando medidas, cuanto menos cuestionables, pero siempre desde el respeto evitando el insulto o la descalificación. Desafortunadamente los términos en los que se ha desarrollado la polémica no han sido los más edificantes.

El ciudadano es proclive a la crítica por las intervenciones de su consistorio, sobre todo si desprenden cierto olor recaudatorio sobre asuntos que afectan directamente a su bolsillo en el devenir diario, y con mayor motivo en los tiempos que corren de estrechez económica con una fuerte presión fiscal, recortes e impuestos que nos tienen ahogados. Pero la maquinaria de las administraciones no entienden de sensibilidades y todo queda supeditado a la necesidad recaudatoria.

Uno se pregunta cómo acabará este asunto. Mucho me temo que lo hecho, hecho está, y la marcha atrás se me antoja imposible o en todo caso improbable, por dos razones. Una, que atender las reivindicaciones de un determinado colectivo, supondría un agravio comparativo con otras zonas de la ciudad donde se ha señalizado zona verde y, entiendo, debiera aplicarse el principio de todos o ninguno. Y dos, que justamente quienes con más determinación han mostrado su protesta y disconformidad son vecinos de una zona que, si bien no pude considerarse como residencial, si goza de un status elevado.
Aún suscribiendo el contenido del artículo ‘Rebelión contra el parquímetro’ del subdirector de este Diari de Tarragona Álex Saldaña, publicado en el epígrafe ‘Desde el Balcó’ el pasado domingo, y tras este episodio puntual, uno se plantea, como propietario de vehículo particular, el imperativo de tener que asumir todos los gravámenes añadidos por uso y disfrute de este elemento motriz que hemos hecho imprescindible en nuestras vidas.

Al impuesto por el derecho a circulación, que ya nadie discute, se añadirá en un futuro pago por el de acceso a ciudades o a determinadas zonas, veremos los estacionamientos o aparcamientos privatizados, el precio de los carburantes desbordados, el mantenimiento y el seguro del vehículo en constante incremento, las revisiones e inspecciones obligatorias en creciente periodicidad, peajes abusivos o estrictas limitaciones de velocidad con desproporcionadas sanciones, y a todo ello añadir que se hará imprescindible disponer de una plaza de aparcamiento en propiedad o arrendada. Con este panorama nos cuestionamos si el ciudadano medio tendrá la capacidad económica de soportarlo. Si así fuera, el tema que hoy nos ocupa nos parecería trivial.
En todo caso la polémica está servida, pero al final el ciudadano calla y paga, por más que en esta ocasión el callar haya estallado en la prensa y en la calle.

Tarragona, 30 de Julio de 2012
Luis Álvarez de Vilallonga

jueves, 12 de julio de 2012

CODICIA, CRISIS, Y REALIDAD


No cabe duda que esta crisis, al margen de golpear a muchos inocentes, ha vuelto a la realidad a muchos españolitos de a pie.

Hace apenas cuatro años los políticos con competencia tanto autonómica como municipal, alentaban a promotores para que presentasen proyectos de viviendas y urbanizaciones, conscientes de que el ladrillo era su principal fuente de ingresos, y ahí entraba el juego oscuro de recalificaciones de suelo con la presunta, cuando no evidente, corrupción ligada a la burbuja inmobiliaria. La ambición por obtener dinero fácil mediante la compra hoy y la venta mañana con un beneficio del 30 al 40% sobre un valor ficticio que no se correspondía con la realidad, solo tenía el sentido de la especulación y favorecía la circulación de dinero negro.

No vamos a incidir sobre lo ya archisabido del colapso financiero tras las subprime, pero esta crisis ha puesto al descubierto las vergüenzas de la gestión política y económica de cada país, y la del nuestro con sus políticos ya sabemos ha donde nos han llevado. El contexto de esta crisis nos ha descubierto la realidad de un estado del bienestar sobredimensionado con un crecimiento construido sobre falsos cimientos y desmontado en un abrir y cerrar de ojos. Nuestra particular crisis ha dado al traste con las falsas expectativas de futuras generaciones que confiaban en un bienestar consolidado. En el fondo todo es más simple de lo que parece. Se ha gastado más de lo que podía soportar el bolsillo de cada español, engañado y dejándose engañar por créditos golosos que ofrecían la posibilidad de vivir como ricos sin serlo.

El sistema financiero español (comunidades autonómicas incluidas) con su irracional endeudamiento padece una enfermedad contagiosa de difícil curación. Las medicinas que hasta ahora se están aplicando no parece tengan efectividad y la previsible vacuna que se está elaborando nos tiene a todos angustiados.

Seguramente a pesar de la incertidumbre, la zozobra y desolación, esta crisis pasará llevándose por delante proyectos, ilusiones, voluntades, y dejando tras de sí muchos cadáveres en su recorrido, siempre ha sido así, basta con echar la vista atrás y observar las penurias de épocas pasadas, la recuperación y la vuelta a la prosperidad, si bien las secuelas que ésta deja privará y ejemplarizará a próximas generaciones a no vivir con la alegría económica anterior al 2008 y evitar el marasmo productivo de una sociedad con sus 445.000 políticos y unos 3 millones de funcionarios públicos, que son el reflejo de una sociedad civil que todavía cabalga sobre la picaresca y prefiere prescindir del rigor en el funcionamiento y gestión de las administraciones, a cambio de prebendas, enchufes o amiguismos que atentan contra el orden, la ética y la estricta aplicación de normas y reglamentos. Un país donde funciona la pillería, la evasión de impuestos, blanqueo de capitales, como se ha constatado en escándalos protagonizados por personajes que están en la mente de todos, es solo una muestra de lo que puede haber y lo que irremediablemente quedará impune en la clandestinidad, ocultado y olvidado.

La realidad es la que es. Deberemos soportar recortes, subida del IVA, y más que vendrá y de nada servirá lamentarse. Ahora solo queda arrimar el hombro y ser implacables con los culpables de la situación que hoy vive el país, por más que sepamos que los auténticos responsables del caos financieros, casi siempre quedan camuflados en la nebulosa impunidad.

Tarragona, 12 de julio de 2012
Luis Álvarez de Vilallonga

viernes, 1 de junio de 2012

ARISTOCRACIA, BURGUESIA Y LA GAUCHE DIVINE


Es posible que a estas alturas hablar de estos estadios sociales, en el siglo XXI, resulte algo anacrónico, pero no podemos sustraernos a su influencia para concebir la evolución de la cultura, la estética o los códigos de comportamiento, entendiéndolo como un todo en la manifestación intelectual presente en la sociedad del siglo pasado que, incuestionablemente había heredado el fondo, cuando no las formas del Clasicismo, el Renacimiento o el Modernismo. Es la Gauche divine el movimiento que de forma más fresca y atrevida irrumpe con fuerza en la sociedad barcelonesa de los años 60 hasta mediados los 70 convulsionando la cultura, educación, modos y formas, concebidos en el sentido clásico o de la época victoriana, propios de los oligarcas o nuevos ricos.

La Gauche divine, rompe con el placer de experimentar un refinamiento estético que se corresponde con una conducta discreta y distinguida y se alineará progresivamente con una modernidad ya instalada en las sociedades europeas. Nacido en Barcelona con vocación pseudocultural, rompe con el estereotipo de vida ordenada de la época. Se nutre de intelectuales y artistas alineados con la izquierda antifranquista, poetas, escritores, cantantes, diseñadores, editores, directores de cine, arquitectos, toda una amalgama de burgueses acomodados, nombres que podrían ser referentes intelectuales para los jóvenes de hoy, algunos ya desaparecidos: José Mª Carandell, Terenci Moix, José Agustín Goitisolo, Antoni Tàpies, Ricardo Bofill, Juan Manuel Serrat, Teresa Gimpera, Oriol Regàs o Juan Marse, entre otros, propiciaron una renovación cultural y estética que pretendía emular a ciudades europeas en una galopada hacia la modernidad.

Respiraban cierta frivolidad, las reuniones nocturnas en Bocaccio se hicieron célebres, sin embargo atesoraban el merito de querer y saber trabajar en sus profesiones, innovando y creando sin complejos, con osadía y valentía, en unos años en que todo lo que se apartase de la norma moral impuesta por el régimen era censurable. No obstante su percepción de la realidad social no era objetiva, su estereotipado izquierdismo colisionaba con el excedido aburguesamiento y los excluía de cualquier ortodoxia ideológica, no podía ser de otra forma ya que su privilegiada posición económica los encorsetaba en un elitismo inevitable, aún así, su influencia sobre las clases medias fue considerable y el éxito en las profesiones que desarrollaron (artísticas, literarias o empresariales ) los reveló como una nueva clase media con envidiables recursos, arrogándose el marchamo de vanguardia intelectual. Pero ante todo fue un movimiento por entrar en la modernidad, tendiendo puentes con Europa y sobre todo con ciudades referentes como Paris, Ámsterdam o Milán.

En la Gauche divine, una mezcla inevitable de poso aristocrático y aburguesamiento daban como resultado un esnobismo recalcitrante que nada tenía que ver con la sabiduría y discreción de la nobleza aristocrática y sus cánones estéticos. Solo la esencia de la educación clásica permitiría, dentro de unas prácticas rompedoras, evitar el embrutecimiento a que avocaban los valores burgueses, sin capacidad para apoyarse en ideales políticos, incipientes entre los jóvenes de aquellos años.

Quizá todo empezó como un juego entre un circulo de niños bien que, intuyendo de fin del franquismo, osaban divertirse manifestando conductas de extraordinaria libertad en sexualidad, política o cultura que, hasta entonces nadie había sido capaz de abordar. Lo cierto es que su huella quedó impresa en la sociedad catalana y sus personajes perduran en el tiempo, muchos habiendo alcanzado el éxito y la fama en sus profesiones, no tanto el movimiento en si mismo que fue diluyéndose con la llegada de la democracia.

Hablaba al principio del anacronismo de la aristocracia y la alta burguesía en nuestro tiempo y ciertamente parece que la sociedad así lo revela, sin embargo su legado de buen gusto, refinamiento, formas de comportamiento, cortesía, educación o saber estar, son un patrimonio exento de impuestos que se transmite entre generaciones y nunca perderá su valor, aunque hoy solo pujen por él ciertas minorías y, uno se rebela a aceptar que la esencia de la educación clásica hoy este obsoleta o sea un esnobismo.
En esta crisis económica donde solo preocupan los mercados financieros y el euro, la pérdida de valores morales y estéticos seguramente algo tendrá que ver con todo ello.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona, 30 de junio de 2012

lunes, 30 de abril de 2012

HACIA UNA REGENERACIÓN DEL SISTEMA

Con la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la URRSS, Europa cierra el capitulo de un rancio comunismo ideológico y encara un renovado socialismo pero principalmente un liberalismo enarbolando la imperiosa bandera democrática. La ideología liberal, emergente en todo occidente, se vio progresivamente adulterada al adoptar los gobiernos una forma de gestión económica que desembocó en el capitalismo de Estado. Paralelamente la sociedad económica desarrollaba un capitalismo de mercado. Así las cosas, la democracia liberal y la social democracia, con ideologías dispares, aproximaban sus posturas en el campo económico arrastrados por un sistema capitalista que enmascarado bajo la “panacea” de la democracia se permitía sobrevolar las tradicionales ideologías. Europa en su larga historia ha soportado regimenes absolutistas, totalitarios, autárquicos, déspotas y dictatoriales. En el siglo XX hemos visto emerger democráticamente líderes xenófobos y populistas enarbolando la bandera del nacionalsocialismo. El fascismo provocó un sentimiento nacionalista que rápidamente se propago a determinados estados y aledañamente a comunidades menores (flamencos, valones, vascos, lombardos etc.), no olvidemos que unos rasgos del fascismo son el etnicismo no exento de tentación discriminatoria y autoritaria. La gota que colma el vaso y nos lleva a cuestionar el sistema es la crisis desencadenada en 2008. Esta crisis ha golpeado de forma contundente al capitalismo, tanto de estado como económico y de forma sangrante a la U.E. provocando el desencanto de una sociedad que contempla el fracaso de un sistema agotado pero con el drama de carecer de una alternativa. Es así que cada vez se hace más palpable la existencia de movimientos de “indignados” y estudiantiles en todo Europa que, en el fondo cuestionan, no la democracia en si misma sino su representatividad y a su amparo surgen intereses con ansias por implantar un poder autoritario y, la sombra de un populismo antidemocrático merodea amenazante, al fin y al cabo es la “casta” política amparada en el régimen democrático la que ha corrompido un sistema sometido a la dictadura de partidos políticos presididos por mediocridades cuando no, por inútiles e iluminados dispuestos a saltarse los códigos constitucionales con tal de conseguir pactos y permanecer en el poder. Son los nuevos ricos de la política y sus adláteres que aspiran a recoger sus migajas. Es una avidez enfermiza e insaciable de riqueza y poder donde la vanidad, el cinismo, el engaño, la mezquindad y la codicia transitan libremente. Hoy tenemos orfandad de líderes honestos capaces de regenerar la política. Una falsa conciencia lastra el panorama de las últimas legislaturas. La sociedad debe abrir los ojos a la legalidad moral sin quedarse en lo superficial llegando hasta el tuétano de la cuestión. El resultado de 34 años de democracia plantea muchas reservas si nos atenemos a las perspectivas que nos ofrecía la mágica palabra, bajo su amparo se han cometido mil y una irregularidades, desde la “dictadura silenciosa” hasta el control de los tres poderes y hoy el desencanto y la frustración han hecho mella en una sociedad hastiada sin capacidad de reacción y nada nos hace pensar, que a corto plazo, esto vaya a cambiar. A estas alturas algunos de nuestra generación tienen una convicción nostálgica, conservadora de que todo lo que venga será peor y que las cosas que funcionaban no debieron cambiarse. Quizá porque el hombre casi nunca actúa basándose en la razón, antes bien se mueve por impulsos deseos, incitaciones, provocaciones o pasiones, no es capaz de considerar que eslabón le ata al sistema y que condicionantes adquiridos, consciente o inconscientemente, coartan su libertad. Hoy somos más homo faber que homo sapiens, el primero hace, el segundo piensa. Las ficciones en política pasan factura a quien las crea pero el lastre que deja tarda años en regenerarse. Se apela constantemente a la justicia social y todos sabemos discernir lo justo de lo injusto, el problema estriba como actuar con justicia desde las instituciones y todos los estamentos de la sociedad. El hombre tiende al beneficio personal y material sin considerar la situación ajena pero en el fondo el sentido de justicia le hace reflexionar que sin compartir la riqueza la ambición no tiene sentido. Quizá la solución pase por una profunda reforma y regeneración del propio sistema donde la equidad prive sobre las diferencias y el hombre no sea engullido y superado por los monstruos burocráticos y financieros que el mismo ha creado. Tarragona, 2 de Mayo de 2012 Luis Álvarez de Vilallonga

domingo, 15 de abril de 2012

CRISIS Y NECESIDAD SUBSTANCIAL DEL HOMBRE


Inmersos en esta crisis sangrante, nos preguntemos el porque de esta dramática situación, buscamos culpables y responsables. Gobiernos, políticos, sindicatos, empresarios, entidades financieras, multinacionales, sistemas financieros, mercados, capitalismo, Banco Central Europeo, o Fondo Monetario Internacional, sin duda todos tienen algo que ver, pero es obvio que en todos estos organismos e instituciones está presente, incardinado, gobernando y proyectándose el hombre como individuo.

En el siglo XXI el hombre sigue caminando sobre los sedimentos de sucesivas civilizaciones, de revoluciones ideológicas, sistemas sociales en constante proceso evolutivo, enormes progresos científicos y grandes transformaciones mediáticas, pero casi siempre incapaces de lograr estabilidad, equilibrio y satisfacción vital.

La progresiva pérdida de valores sitúa la hombre ante un solo objetivo: acumular bienes materiales al menor costo posible. El hombre hoy adolece de la riqueza de los valores morales que precisa el espíritu para alcanzar la plenitud. El nihilismo, el apoyo desmesurado en la ciencia como base y explicación a toda cuestión existencialista, la globalización de los problemas y el abandono del sentimiento individualizado de que cada ser es único e irrepetible en su esencia, lo sumen en un estado de permanente ansiedad, esquivando el problema de fondo que subyace en la humanidad.

Hoy el hombre es victima del desencanto de la Razón ilustrada, espejismo de una respuesta soberbia que enmascara sus propias limitaciones y que en modo alguno satisface sus necesidades anímicas y al final cae en la trampa de creer que cuenta más lo que se tiene que lo que se es. El desmesurado estado de bienestar rompió el equilibrio de las cosas y lo que ayer era necesario hoy se hace prescindible, se valora más lo justo y la mesura porque el ahorro ahora está vetado a muchas familias.

Las grandes y eternas cuestiones sociales pendientes continúan sin resolverse, y así el hombre perdido en un mar de dudas, yermo su espíritu, cuando el baluarte de sus logros terrenales se tambalea, su status se desvanece y sin el poso espiritual a donde acudir ya nada puede detener su zozobra. En un último e infructuoso intento, desguazará la vida buscando inútilmente la médula que, lejos de pertenecer al mundo se encuentra insertada en su propia esencia.

Cuantos sinceros soliloquios serian deseables ante el bochorno de expresar lo que se piensa en coherencia con lo que se hace. Cuando la crisis económica afecta a nuestro entorno y se vive en primera persona, paradójicamente los valores olvidados por dejación, afloran con generosidad y reconocen al hombre integro, capaz solidario y trascendente que, otrora agazapado en la abundancia, ahora irrumpe con fuerza en su anonimato para paliar las necesidades a los abandonados a la adversidad.

No, no nos engañemos, de esta crisis no es responsable el sistema, lo es el hombre, el hombre hedonista, egocentrista, y relativista. El hombre del siglo XXI, precisa respuestas válidas que lo catapulten hacia una nueva concepción de la vida. El sentido a su existencia debe escapar a cualquier planteamiento meramente accesorio basado en valores materiales e inútiles. Solo el fruto espiritual será capaz de recuperar, su sentimiento, noción y concepto del humanismo cristiano.
Tarragona, 4 de Abril de 2012
Luis Álvarez de Vilallonga