domingo, 24 de noviembre de 2013

CUALQUIER TIEMPO PASADO, ¿FUE MEJOR?


Cuando en el siglo XV Jorge Manrique escribió la célebre elegía Coplas a la muerte de su padre, poco podía imaginarse que seis siglos después los versos 4º, 5º y 6º de la 2ª estrofa en las referidas coplas de pie quebrado: -“como, a nuestro parecer, -cualquiera tiempo pasado fue mejor”- tuvieran, en nuestros días, tanta repercusión y motivación de análisis, comentario o reflexión.

Cuando, en la sociedad actual se plantea la cuestión, probablemente la opinión esté dividida. Por un lado la juventud, crítica con el contexto generacional de sus ascendentes, rechazando las normas rígidas y severas, apelando a las libertades sin ni siquiera considerar el equilibrio preceptivo entre el derecho y la obligación o el libre albedrío y el sometimiento a las leyes y, por otro, la postura de los nostálgicos con el bagaje de la experiencia que los años les ha conferido, pero quizá remisos a la hora de aceptar que para progresar hay que asumir riesgos, aun a costa de acometer cambios experimentales que puedan desembocar en sonados fracasos.

Seguramente una contestación inmediata a la pregunta nos plantea una reflexión a nivel personal, una valoración según nos ha bailado la vida en hechos, épocas, circunstancias o vivencias particulares. Sufrir tribulaciones, dificultades y toda clase de penas o, verse aliado con la fortuna, el bienestar, la salud y la prosperidad condicionaría una respuesta objetiva respecto a la sociedad en general. Sin embargo, la cuestión, al margen del mensaje o contexto que nos presenta el autor, debiéramos considerarla desde un planteamiento global de la vida en la sociedad que nos ha tocado vivir que en las últimas décadas ha sido aceleradamente cambiante en todos los sentidos.

Los que poseen la condición de octogenarios o mayor edad, se les puede conceder, al menos, el conocimiento, experiencia y capacidad de análisis de lo acontecido en los diferentes períodos sociales en los que han habitado lo largo del tiempo, sin obviar que posiblemente, con el transcurso de los años, uno se aferra a aforismos que median entre la realidad y el deseo.

Pero los abuelos de hoy ya no somos como los del siglo XIX y parte del XX que miraban hacia atrás para establecer criterios generales. El entorno social en el que se desenvolvían estaba cimentado para satisfacer a una burguesía decimonónica encorsetada en conceptos convencionales y educada en ámbitos y difícilmente cambiantes.

La era de las comunicaciones, internet y las redes sociales, abrió a las nuevas sociedades horizontes insospechados a todos los niveles y edades, incluidos los llamados de la tercera edad.
El progreso, un concepto infinito que desde la creación el hombre no ha cesado de construir y que en el último siglo ha avanzado a pasos agigantados, no cabe duda que en ese sentido podríamos afirmar que nunca el tiempo pasado fue mejor, sin embargo desgranando el status del hombre actual y examinando los avances en el campo de las humanidades, teorías filosóficas, conceptos teológicos o valores morales, la respuesta no sería tan contundente.

El tiempo pasado fue mejor en tanto y cuando hoy se van perdiendo valores del humanismo cristiano, prevalece el materialismo y la existencia se impregna de un relativismo donde el hedonismo, el nihilismo y la banalización de la vida nos aleja de toda posibilidad de alcanzar la verdad y por extensión la libertad, instrumentando una felicidad artificial que se desvanece ante cualquier contingencia.

Sufrir esta crisis, da lugar a pensar que para muchos el pasado inmediato, el de las burbujas y los pelotazos fue mejor, pero esta crisis nos ha enseñado a todos y ha puesto en su sitio muchas cosas.
En todo caso, siempre algo del tiempo pasado fue o nos parece mejor, al fin y al cabo nadie puede asegurar un futuro siempre mejor aunque se luche por ello. La historia se repite aunque con, cantos, servidumbres, liturgias, próceres o brocárdicos diferentes.

Aunque siempre nos quede el recurso de soñar con un futuro mejor para las próximas generaciones, afortunadamente hoy no hay trayectos prohibidos ni doctrinas impuestas. Amar, sentir, auxiliar, consolar, ayudar, escuchar, o hablar libremente sin miedos y sin ofender, son prerrogativas que enaltecen al hombre y lo elevan a la categoría de persona, aunque algunos pensemos que en ciertos aspectos, todavía, cualquier tiempo pasado fue mejor.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona, 22 de Noviembre de 2013

miércoles, 4 de septiembre de 2013

UN INSIGNE PREGONERO PARA SANTA TECLA

Sin pretender desmerecer a ningún personaje al que se le concedió en honor de glosar Tarragona y a su Santa Patrona, me parece oportuno señalar que desde los años 70 se han sucedido una serie de pregoneros, unos con acierto, otros (como suele decirse) cumpliendo el expediente, y los menos construyendo sus alocuciones desde la más notable oratoria
produciendo verdaderas obras de arte.

En el siglo XXI y en el ámbito literario cabría aceptar un moderado academicismo junto a una sintaxis ágil, creativa y transmisora de ideas, conceptos y pensamientos claros. El rigor del lenguaje culto exige un constante estudio e investigación, y así el arte del discurso se revela en todo su esplendor cuando el orador es conocedor de su lengua y de su herramienta transmisora: la densidad corpórea del verbo. Hay en ciertos pregones una semántica tan culta que los hace merecedores de figurar en los archivos de academias de la lengua.

Soy de los que piensa que son las personas quienes prestigian las cosas, las instituciones, organismos, academias o universidades y no al contrario, que personas mediocres se sirvan del prestigio de aquéllas para arrogarse méritos que aparentan, y así el acto del pregón puede tener mayor o menor relevancia en función del pregonero y puede ir incrementando su prestigio o quedar encorsetado en un mero episodio popular en el contexto de la fiesta patronal ciudadana. El pregón de Santa Tecla siempre ha gozado de buena salud, descubriendo a pregoneros, desde insignes oradores hasta personajes populares a los que hay que agradecerles el esfuerzo y valentía de haber aceptado el reto.

Mi admirado y amigo de bachillerato el Dr. Joan Martí i Castell cuyo curriculum no voy a descubrir ahora, con más de 46 años de trayectoria académica universitaria, amén de haber sido el primer rector de nuestra URV, e investigador de la lengua del “poeta del calze prohibit”, y pelacañas como valor añadido, intuyo será sin duda de los personajes incluidos en el escaso rol de insignes pregoneros, y quedará como referente de lo que debe ser una intervención, como la que nos ocupa, en el salón de plenos.

Ignoro el qué y cómo desarrollará su proclama, pero no dudo que la estructura y contenido alcanzarán la altura que la Imperial Tarraco y su patrona, santa Tecla, merecen y que efectivamente contribuirá a prestigiar un pregón, que año tras año se sucede con un nivel siempre deseable y que en este 2013 auguro dejará huella, no solo en la población llana, sino entre los pocos intelectuales de la ciudad que deberán reconocerlo y valorarlo en su justo alcance y dimensión.

Por el salón de plenos pasaron entre otros Federico Mayor Zaragoza (1974), M. Aurèlia Capmany (1979), Emili Rosales (1985) o Josep Tarradellas (1984), siendo entonces responsable de Cultura nuestro actual alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, pero también y muy especialmente tarraconenses que no enumeraré, algunos ya desaparecidos y otros afortunadamente presentes entre nosotros que dejaron muy alto el pabellón de la ciudad.

Aquí cuenta no solo el hecho de construir un pregón con lucidez y rigor. La capacidad semántica, la palabra ágil, clara y conceptual, adherida a la musicalidad y armonía de una lengua como el catalán, producirá en el oyente sensaciones gratificantes que Joan Martí, sin duda, sabrá transmitirá desde su exquisita sensibilidad como autor, filólogo, lingüista y tarraconense de pro que bien conoce el tejido semántico, las voces precisas y seguras que van más allá del mero entorno descriptivo y que configuran la médula del sentir expresado.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 1 de Septiembre de 2013

jueves, 8 de agosto de 2013

LAS TRES HACHES

De entre las numerosas vivencias que uno sintió durante la pasada Semana Santa sevillana, tuve el privilegio de conocer a un ilustre personaje nonagenario de rancio abolengo, de aquellos que ya quisiera uno conservar sus extraordinarias facultades mentales.
En una sobremesa, durante nuestra amena conversación, me sorprendió enormemente una de sus elocuentes afirmaciones. Refiriéndose a un compañero y amigo, al que admiraba, significó “de los que tienen tres haches”. Uno rápidamente preguntó por el significado, a lo que ágilmente contestó: “Una hache de humildad, otra de honestidad, y la tercera de de honradez”. Su respuesta me quedó gravada en el subconsciente y ahora me permito reflexionarla en voz alta.

En realidad cuando uno se plantea sondear en el entorno próximo o generalizado, quien pose tales atributos como valores meritorios está cometiendo un error. En efecto, por principio todo el mundo debiera, a priori, tener incrustada en su ética personal “las tres haches” de forma natural sin mayor mérito o reconocimiento, pero lamentablemente la sociedad actual, empezando por uno mismo, adolece de esas virtudes y difícilmente encontramos algún personaje conocido o público que ostente uno de estos atributos.

La humildad se repudia y en contraposición aparece el orgullo y la vanidad.
La honestidad está en desuso y el engaño, la defraudación, y la apropiación de lo ajeno se han convertido en algo habitual ante una acostumbrada impunidad favorecida por leyes tibias y obsoletas, y ni siquiera existe un unánime clamor en la reprobación moral.
La honradez, una práctica en la forma de obrar acorde con la honestidad de conciencia que, en definitiva, obliga a una rectitud inequívoca de nuestros actos, pero cuando se pierde la conciencia en el sentido moral, también se pierde la capacidad para discernir el bien del mal y todo parece permisible. Tres palabras hoy ausentes del panorama político, pero que tampoco proliferan entre la sociedad civil.

Uno se pregunta cómo se ha podido llegar a este deterioro moral, consentir y hasta justificar prevaricaciones, privilegios y prebendas desde puestos de poder con la inhibición de un entorno evidentemente implicado, omitiendo denuncias y mirando hacia otro lado.

La situación vergonzante de corrupción que existe a todos los niveles es el fruto del deterioro moral de la sociedad en general, pero concretamente del individuo en particular que insertado en partidos políticos, sindicatos, empresas, administraciones, instituciones, fundaciones, entidades o sociedades mercantiles, al amparo de sus estructuras y ante la posibilidad de enriquecerse defraudando, estafando, en definitiva robando, ha ido perdiendo todo escrúpulo haciendo del dios dinero su único valor y objetivo.

Lejos de alcanzar una sociedad utópica llenada de “tres haches”, uno alberga la esperanza de remontar esta crisis moral, que será vital para la recuperación económica, y acometer una nueva regeneración íntegra liderada por una mayoría social, afortunadamente todavía libre de contaminaciones procaces que rompa el caparazón que envuelve la conciencia de una sociedad con referentes banales y el ejercicio de auténticos valores nos permitan caminar hacia un mundo más justo, digno y solidario.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 6 de Agosto de 2013



miércoles, 17 de julio de 2013

LOS HERMANOS MUSULMANES

Tras la lo que quedó de la Primavera Árabe, en Egipto los Hermanos Musulmanes consiguieron llegar al poder pero, a nadie escapa que la presencia islamista de esta organización, sin tener la representación y el poder social de los chiitas en Irán, se posicionó tras las elecciones como una fuerza a considerar por las expectativas que ofrecían a la juventud egipcia con una tendencia aperturista en contraposición al anterior régimen, sabiendo esconder perfectamente sus intenciones, al fin y al cabo en buena parte, a ellos les correspondía atizar la presión de los jóvenes contra el antiguo régimen. Sin embargo no debemos perder de vista que la sharía está siempre presente en la cultura islámica, es la ley divina y en base a ella se fundamente todo derecho.

El llamado por los ingenuos “islamismo moderado” encierra una raíz totalitaria inconciliable con las libertades y la democracia. En realidad el término define perfectamente la figura retórica oxímoron que une dos palabras con significado opuesto. La identidad reaccionaria, el
pensamiento totalitario y alienante del islamismo frente al término moderación.

Desde su fundación por Hasan al-Banna en 1928, los Hermanos Musulmanes han sufrido toda suerte de restricciones, persecuciones y asedios, por parte de los gobiernos egipcios, con algunas transiciones en que los vientos parecían favorecerles pero volvían ser ilegalizados y postergados por los distintos presidentes hasta la caída de Mubarak. Hoy su líder en Egipto Mohamed Badie, entiende que la violencia contra un ser humano no reviste importancia ante un ataque contra el profeta Mahoma.


Pero para comprender los sangrientos enfrentamientos entre la población musulmana hay que remontarse, por ejemplo, al problema sirio y conocer el odio y enemistad ancestral entre las comunidades alauita surgida de una escisión del chiismo (toman vino y sus prácticas religiosas tiene algunos elementos del cristianismo) que supone el 10% de la población de Siria frente a los sunitas, el 75% de la población. La Primavera Árabe de Túnez y Egipto animó países como Siria a lanzarse a la calle exigiendo reformas democráticas.


En 1982 en Hama, feudo de los Hermanos Musulmanes, fueron masacrados cerca de 20.000 suníes por el régimen minoritario alauí de El Asad, pero la burguesía suní adscrita al partido el Baaz (laico, socialista y nacionalista) está aliada con el régimen de Bachar el Asad que en ningún caso estaría dispuesto a ceder el poder ante un posible gobierno sunita.

Una vez más se desenmascara la postura radical de los Hermanos Musulmanes en Egipto, que después de ganar las elecciones en 2011 se vieron privados del poder por una sentencia del Tribunal supremo. En 2012 se hizo con el poder Mohamed Mursi (hermano musulmán aparentemente moderado) por un estrechísimo margen de votos.

La sombra de los Hermanos Musulmanes más radicales planeaba en el entorno del nuevo presidente que aprobaba una constitución islámica en la que la fetua (resolución del Mufti, cuyas disposiciones son consideradas como leyes) se antepone a cualquier fallo o disposición legal. Así las cosas ya nadie duda que, tras la intervención militar y la caída de Mursi, la lucha de los Hermanos Musulmanes para recuperar el poder y defender el régimen islámico será cruenta para imponer su fundamentalismo.


El islam de los salafistas radicales Gamaa al Islamiya, las leyes deleznables de la shría donde la esencia del estado radica en la religión y el punto de mira de las organizaciones terroristas de Al Quaeda, Hezbolá y Ansar la Sharia, ponen en peligro la situación de un país donde parecía que cierta apretura “democrática” podría tener su oportunidad.


En mi anterior artículo hablaba de la separación Iglesia-Estado. En los países musulmanes esta separación no se concibe porque el concepto estado-islam emana del segundo término y su identidad se integra en una misma unidad.

La lucha está abierta entre los Hermanos Musulmanes y los jóvenes que sueñan con un Egipto en democracia, pero hoy por hoy una utopía, en un país dividido donde la contradicción Islam-democracia no tiene cabida.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 15 de julio de 2013

lunes, 8 de julio de 2013

IGLESA Y ESTADO

Hoy nadie duda que Iglesia y Estado sean dos poderes, uno trascendente y espiritual, y otro real y temporal, obligados a convivir separados, pero es conveniente señalar que esta separación no debe forzosamente producir ruptura ni enfrentamiento. Durante más de casi 40 años de estado confesional, donde la religión católica formaba parte fundamental del sistema, es lógico pensar que los escépticos, agnósticos, ateos o simplemente los no practicantes se encontraron en una situación comprometida o cuanto menos incómoda. Alcanzada la democracia, hay que reconocer que a pesar de los aires de libertad y anticlericalismo, la tradición cristiana impresa a través de los siglos ha permanecido en la sociedad y la tendencia a la confesionalidad católica es ampliamente mayoritaria y una evidencia hoy por hoy incontestable. No ocurre lo mismo en otros países que sufrieron la influencia luterana con el resquebrajamiento del poder de la Iglesia al extenderse protestantismo por Europa e Inglaterra.


A pesar de la larga tradición religiosa en España, ha faltado tiempo para que tras la transición y alcanzada la democracia, se haya pretendido ningunear, profanar y escarnecer nuestra religión desde estratos laicistas extremistas, fanáticos, intolerantes y belicosos contra la libertad religiosa bajo el amparo de gobiernos pusilánimes incapaces de imponer un mínimo respeto a las creencias individuales y colectivas de buena parte de una sociedad creyente, alienando el derecho a la libre expresión de su credo. No ocurre lo mismo en Francia e Italia, también países eminentemente católicos, quizá porque los años que nos llevan en democracia les ha enseñado que el respeto y el libre albedrio forman parte del concepto filosófico que enmarca a las personas dentro de la moral colectiva a la que deben responder ante la ley de forma individual como seres pensantes con voluntad propia.


Ahora nos pueda sorprender esta animadversión específica contra el catolicismo, pero la cuestión se remonta al siglo XVIII, (el siglo de las “luces”). La Ilustración, movimiento filosófico y cultural europeo que, junto a ciertos valores, se empecinó en abrazar el pensamiento racional y la ciencia como método para resolver los enigmas del hombre y el universo, preconizando el despotismo ilustrado, ahogando la teología y separando terminantemente la Iglesia del Estado.

No entraremos en los avatares históricos de la reforma y contrarreforma, pero lo cierto es que la implantación del protestantismo en Europa nos aproxima al nacimiento del capitalismo, y en ese sentido su ética es más convincente y laxa que un cuestionado catolicismo en una nueva sociedad imbuida imperialismo, colonialismo y cosmopolitismo. Con todo la influencia de Spinoza se dejó sentir en el siglo XVII, y fue una de las claves del racionalismo que se impondría en el siglo XVIII.

Es posible que en el devenir de los tiempos la Iglesia quede minimizada ante los Estados, sin embargo el concepto religioso, o si se quiere espiritual, es inherente al hombre y esta evidencia nos lleva convenir que, más allá de cualquier fe o creencia, existe una necesidad teológica que ha movido al hombre desde el principio de los siglos.

Finalmente solo nos faltaba conocer la militancia en la masonería de personajes tan relevantes en el poder judicial o la política como Pascual Sala, ex presidente del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, y de Fernando Ledesma, exministro de Justicia. Siendo así y conviniendo que debe haber separación Estado-Iglesia, no me cabe duda de la animadversión de ciertos poderes fácticos contra la Iglesia Católica.

Cuando se relega moral y religión, y los gobiernos se embarcan en experimentos docentes, entrometiéndose en derechos individuales, imponiendo adoctrinamientos ideológicos y reduciendo la religión a una mera filosofía moral, el país pierde todo sentido ético. Solo la conciencia individual, desde una introspección objetiva, puede ser capaz de entender y respetar el binomio Iglesia-Estado desde la libertad y el respeto, sin interferencias ni manipulaciones.

Tarragona, 1 de Julio de 2013
Luis Álvarez de Vilallonga

sábado, 11 de mayo de 2013

INTELECTUALES FÁCTICOS



En los dos últimos siglos la influencia de los intelectuales ha sido determinante en la evolución de la sociedad moderna, principalmente de los laicos. En la Edad Media los conocimientos y la intelectualidad se constreñían principalmente al clero y al poder eclesiástico. A partir del siglo XVIII, los nuevos intelectuales utilizan su propio pensamiento al margen de las creencias, tradiciones o hábitos morales creando no solo opinión sino marcando pautas para comportamientos sociales tanto a nivel individual como colectivo.

Pero ¿quiénes son los intelectuales? ¿Acaso son personas que intentan guiar a la humanidad desde sus criterios culturales, ideológicos, conceptos filosóficos o religiosos? Ciertamente la ruptura con el ámbito moral religioso lo personalizaron en Prometeo que robó el fuego del cielo bajándolo a la tierra. En cualquier caso, al intelectual se le atribuye inteligencia, pero debe ejercer el intelecto por encima de cualquier otra función psíquica y reunir atributos propios de su condición: curiosidad, interés, cultura, comprensión, erudición, sabiduría, capacidad crítica, objetividad y capacidad para transmitir el conocimiento de la verdad.

Durante el Renacimiento en el siglo XVI surgen los humanistas. Tomás Moro, Erasmo de Róterdam, Miguel Servet, Luis Vives, Antonio de Lebrija, Michelle de Montaigne, Buillaume o Bude, auténticos intelectuales de la época que marcarían pautas. En este siglo y posteriores es cuando los intelectuales nos legan el sentido fáctico influyendo o cambiando en mayor o menor medida el rumbo de de la sociedad, en ese sentido y siendo fiel a la realidad de sus hechos y ateniéndome al concepto cásico del término, no podemos obviar a figuras capitales como Jean Jacques Rousseau con sus innovaciones morales e ideológicas demoliendo altares y encumbrando la razón, su influencia fue tal hasta el punto de sentar los principios de la Revolución francesa. ¿Podemos considerar Karl Marx como un intelectual? en efecto, lo fue, su filosofía fue tan determinante que se institucionalizó en países como Rusia y China con las funestas consecuencias que conocemos al ser llevada a extremos por dirigentes como Mao Tse-Tung, Lenin o Stalin. El pasado día 5 se cumplieron 200 años del nacimiento de Soren Kierkegaard, padre del existencialismo cuya influencia se dejo sentir en autores como Unamuno. Bertolt Brecht utilizó el teatro como medio de influencia y su mensaje alcanzó a medio mundo. Henric Ibsen cambió el pensamiento social de su generación predicando la rebelión del individuo contra los prejuicios sociales, proclamando la prioridad de la conciencia individual y la libertad de ideas personales sobre las establecidas en la sociedad.

Ante este parco repaso de intelectuales pretéritos, uno no puede por menos que preguntarse si en los tiempos actuales existen intelectuales de talla o sencillamente un puñado de contertulios, políticos, escritores o periodistas mediáticos que aparecen en los platos de TV creando meramente opinión, pueden considerarse como tales aún eximiéndoles de la capacidad para producir algún cambio social. ¿Son los Nobel su último reducto, o convenimos que Internet y sus redes sociales son una fuente inagotable de cerebros y talentos que se manifiestan y crecen en tiempo récord?


El concepto idealista que circunda a los intelectuales de hoy y que debiera, teóricamente situarlos en un contexto ajeno a la clase dominante, los acomoda en una realidad utópica de que su pensamiento emerge desde las pautas sociales establecidas cuando, es la percepción de la propia realidad la que debiera engendrar ideas o pensamientos. Lo peor de ellos es haberse alineado con partidos políticos provocando una ceguera ante hechos objetivos.

En todo caso a lo largo de la historia son los movimientos intelectuales los que han dejado huella en el mundo, en Europa fue el humanismo el que sin duda ejerció la mayor influencia sobre la literatura, él arte, la ciencia, la filosofía la política o el derecho y de sus fuentes bebieron muchos nombres ilustres de la Edad Moderna.
Hoy el intelecto permanece en muchos casos oculto, ahogado por la nueva “cultura de masas” donde todo vale, donde el relativismo impone su ley, pero el intelectual no abandona, permanece atento en su oratorio presto a ejercer su magisterio. El tiempo, la circunstancia y el momento están en sus manos.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona 9 de mayo de 2013

sábado, 2 de marzo de 2013

ANGELO SCOLA, MI CANDIDATO


En el eminente cónclave, al igual que en los anteriores del último siglo, siempre se ha barajado el nombre del posible Cardenal que ocupará la silla de San Pedro tras el “Habemus Papa”.

Nadie duda de las diferentes facciones que existen dentro del Colegio Cardenalicio y en el orbe de la cristiandad: La iglesia en sud América, en África o EEUU tienen sus candidatos, pero es en el seno del Vaticano donde la influencia y el peso específico de sus Congregaciones pueden decidir el elegido.

La renuncia de Benedicto XVI añade un nuevo elemento substancial al cónclave que inevitablemente se plantea en un nuevo contexto al producirse la votación con la vigencia de un Papa Emérito. En efecto, toda la influencia del Pontífice, a pesar de su renuncia, se dejará sentir en el cónclave y a nadie se le escapa el nombramiento del Patriarca de Venecia Ángelo Scola el 28 de Junio pasado como Arzobispo de Milán. Posee una edad razonable, 69 años, experiencia, vocación misional y pastoral con proximidad a los fieles que suele recibir un día a la semana, sensibilidad por los temas sociales y además junto a una gran formación intelectual, posee dotes de gran organizador. Parece que sería un Papa con garantías para afrontar los retos que la Iglesia entendemos debe acometer en una sociedad moderna y cambiante con necesidad de directrices claras firmes y contundentes en sus principios, pero también precisa en otros aspectos ser dialogante, humana y actual.


Muchos son los temas que las comunidades cristianas demandan y que en el tiempo la Santa Sede deberá abordar: El celibato, la Moral sexual, el papel de la mujer en la liturgia, las vocaciones en la Iglesia de hoy y la integración en los órganos Vaticanos de la representación de las comunidades Iberoamericanas, Africana y Asiática que aportan el 65% de católicos.
Las reformas en la Iglesia son lentas pero no cabe duda que tras el papado de Benedicto XVI, el nuevo Papa no deberá demorar algunas reformas ya que del nuevo pontificado puede depender, en gran parte, el futuro del cristianismo.

En la elección de un Papa todo influye: la Santa Sede como Jurisdicción episcopal del Obispo de Roma, en la Curia Romana los representantes del Papa (los cardenales), que en ocasiones son nombrados en función a su adhesión a Roma que por su capacidad evangelizadora, y así las congregaciones con su prefecto Cardenal son organismos básicos en el funcionamiento de la Iglesia y, en ese sentido podríamos destacar a otros candidatos.

El nuevo Prefecto de la importantísima Congregación para la Doctrina de la Fe (no olvidemos que este es el año de la Fe) Gerhard Ludwig Müller de 64 años, arzobispo de Ratisbona, un germano (como Benedicto XVI) encargado de velar por la ortodoxia de la Iglesia, y el Prefecto de la Congregación para los Obispos, Marc Oullet de 67 años, arzobispo de Quebec y primado de Canadá con experiencia en la Curia Romana como secretario del Consejo Pontificio para la promoción y la unidad de los Cristianos, y así podríamos enumerar una lista, no más de cinco o seis, con posibilidades reales.

Leyendo la trayectoria de los posibles candidatos, no cabe duda que desde la perspectiva humana pudiera llegarse a una conclusión racional y posiblemente coincidente, sin embargo tratándose de la Iglesia cuya esencia emana de la divinidad de Cristo, no solo el factor humano será el decisorio en el cónclave. Uno, desde la Fe que profesa, concluye que el Espíritu Santo dejará sentir su inspiración en la Capilla Sixtina, iluminando a los Cardenales para que su elección sea la necesaria y mejor para la Iglesia.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 2 de Marzo de 2013