sábado, 8 de diciembre de 2012

EL “ESTABLISHMENT” CATALÁN



Cataluña, hoy más que nunca, es un pueblo rendido al establishment, término anglosajón que apareció sobre el año 2005 y que podríamos definir como el conjunto de personas, instituciones y entidades que controlan el poder político y socioeconómico en una sociedad.


No cabe duda, a la vista de los escaños obtenidos por las fuerzas independentistas, que la aventura secesionista reside latente en buena parte de la sociedad catalana. No es casualidad que el stablishment iniciado por Pujol encuentre ahora, a pesar del retroceso de CIU, el apoyo de un pueblo con anteojeras que no ha sido capaz de romper con un poder hegemónico y su control sobre la sociedad catalana. Pero todo statu quo puede ser perceptible desde una óptica positiva o negativa, dependerá del alineamiento que escojamos.
Si observamos al escritor chino Mo Yan, último premio Nobel de literatura, ha cohabitado al tiempo que sorteado las directrices políticas de su país adaptándose a ellas sin provocar confrontación, así pudo desarrollar su obra sin necesidad de exiliarse, sin embargo la notoriedad cosechada por la obtención del Nobel le permitió atreverse a solicitar públicamente la liberación de Liu Xiaobo, un compatriota condenado por reclamar abiertamente avances democráticos en China.


Lo negativo del actual establishment catalán estriba en que el derecho a decidir del pueblo sobre un tema tan capital como la secesión del Estado parte desde un posicionamiento político que cuestiona la legitimidad de una Carta Magna, elaborada y sancionada en su día por los representantes legítimos del propio pueblo catalán. Hoy los intereses políticos privan sobre los de la sociedad civil ante la posibilidad de un poder hegemónico en un hipotético estado catalán.


Estas elecciones, por una parte, han evidenciado una considerable tendencia independentista que podría estar provocada por la actual coyuntura económica, y por otra atendiendo al tradicional sentimiento nacionalista atizado desde el poder político, sin embargo ante la posibilidad de una reforma constitucional, probablemente la opción independentista perdería muchos enteros. El establishment sitúa al catalanismo como la opción políticamente correcta y esta deformación de la realidad nos ha conducido a considerar el independentismo como la única concepción valida de apego y estima a la comunidad catalana.

En 30 años de autonomía, Cataluña ha sido dirigida, a partir de Pujol, desde un nacionalismo que ha ido calando en determinados estratos de la sociedad. Tras 23 años de pujolismo, Maragall quiso pasar a la historia como el creador de un nuevo estatuto, innecesario que nadie reclamaba, luego con el tripartito, el endeudamiento y malversación ya fue insoportable, y en este contexto político llegó Mas -el delfín de Pujol- con ínfulas de salvador de Cataluña y ambición para recuperar, con mayoría absoluta, el chiringuito de CIU. Pero Mas como heredero del pujolismo, ha osado traspasar la frontera de lo sensato, como si con él no fuese lo del seny català, ciertamente tuvo que recoger la nefasta gestión del tripartito y ante una crisis galopante se vio obligado afrontar una eminente quiebra de la Generalitat gestionando el rescate con el Estado.
Uno nunca conocerá si en su entrevista con Rajoy llevaba premeditado un planteamiento en términos que fuesen innegociables para su interlocutor y así tuviese la coartada de un posicionamiento cerrado e intransigente del presidente del Gobierno. En cualquier caso, lo cierto es que Mas envidó a todos con un órdago al proyecto secesionista que finalmente le ha explotado en las manos.
Ahora se aprecia el fracaso de una política nacionalista basada en la autodeterminación como eje prioritario antepuesto a los acuciantes problemas sociales y económicos. El pacto fiscal no solucionaría los problemas de fondo en Cataluña, pero probablemente atenuaría las tensiones y propiciaría un nuevo escenario abierto al dialogo, pero Mas ya no es el interlocutor válido, sus frases demagógicas “Madrid nos roba” “no nos quieren” o “si fuéramos independientes seríamos más ricos” lo han descalificado propiciando su descrédito y fracaso como negociador. Solo me cabe añadir su última guinda: “quiero una mayoría indestructible”; su torpe ceguera, engreimiento y ambición le han coartado considerar que en democracia no existen mayorías indestructibles, todo es susceptible de cambio.

Ante el actual contexto político, la realidad, ateniéndonos al resultado electoral, entre tanta semántica con significación heterogénea y confusa -nacionalismo, independencia, soberanismo, catalanismo o secesionismo- se ha logrado implantar un aforismo en el que, para bien o para mal, el establishment en Cataluña destila independentismo.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 6 de Diciembre de 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

EL SAINETE ELECTORAL


Desde las cortes constituyentes, el vocablo democracia se ha convertido en epítome del que se han llenado la boca políticos de todos los signos amparándose en él para cometer toda clase de escándalos, inmoralidades y atropellos contra la buena fe de los votantes. Sin embargo en los últimos tiempos han surgido voces que denuncian el oportunismo político en tiempo y momento determinado, en período de comicios. Es entonces cuando toda clase de promesas, de reformas, de utilización de la lengua autóctona o común, el mitin a pie de calle, la mano tendida y hasta el abrazo prolifera entre los candidatos, porque el voto es lo que importa. Luego, finalizada la campaña, el político se olvida de los compromisos contraídos menospreciando la legítima representación que el pueblo le ha otorgado, es la voz sesgada, la voz devaluada del votante ante un poder en usufructo conquistado en las urnas, que el político usurpa en propiedad. Ahora el pueblo será vasallo y le esperan cuatro años de prepotencia autoritarismo y desengaño.

Pero no escarmentamos, vemos que la lucha electoral se desarrolla cada vez con más fuerza en los grandes medios de comunicación, televisión, radio, prensa y en los últimos tiempos en las redes sociales, son las armas con que cuentan los partidos y el que no pueda disponer de ellas en las mismas condiciones que los poderosos tendrá, en principio, la batalla perdida, pero los movimientos sociales que parecen irrumpir con fuerza en el panorama nacional podrían tener su influencia. La opción de la abstención parece que encuentra terreno abonado, sobre todo entre la juventud, hastiada y desengañada de toda opción política representada por la actual “casta” que no ofrece nada nuevo.

Hoy nos encontramos con discursos programáticos exentos de moralidad, solo promesas utópicas que se desvanecen por si solas y para mayor candonga ahora nos presentan unas elecciones autonómicas con condición programática sine qua non definiéndose sobre secesionismo o permanencia en el Estado. Sobre ello algunos se permiten pontificar de las ventajas o inconvenientes de una hipotética Cataluña independiente cundo hoy nadie puede prever cómo podría derivar la situación social, política, económica o fiscal, si la independencia llegara a producirse, a medio o largo plazo. Mientras, los ciudadanos observamos el nuevo sainete y probablemente tropezaremos en la misma piedra votando a nuestro endémico partido del alma, con los mismos líderes, la misma verborrea, la misma estructura piramidal y el mismo encorsetamiento de poder.

No, este no es el camino para mejorar las cosas. El vacío moral ha sido una constante en las últimas legislaturas, tanto en generales como autonómicas, con toda suerte de escándalos. Hace falta decir, hasta aquí hemos llegado, solo una nueva clase política renovada, plural, flexible, incorrupta, con capacidad intelectual, sensible y solidaria, tendría el crédito necesario para alcanzar un alto porcentaje en las urnas, pero mucho me temo que esta vocación política de servicio, a la que muchos estaban llamados, perdió la fe en un sistema llamado democrático, todavía muy primario en nuestro país, que permitió al poder ejecutivo blindarse ante la justicia e influir ante el legislativo y el judicial que politizados perdían cotas de independencia.
Los politólogos debieran ejercer el rigor de su magisterio sobre las formas de hacer política y de dar auténtico sentido a la democracia porque nuestros políticos, partidos, y sindicatos, bajo el manto democrático, se han permitido instalarse en el poder, en el amiguismo y en el abrazo hipócrita del más rancio capitalismo.
Cuando nuestros políticos están reñidos con el pensamiento científico, el lance intelectual brilla por su ausencia y evidencian un anquilosamiento e incapacidad de crecimiento, pero a pesar de todo, son aplaudidos y elogiados, el líder populista está a la vuelta de la esquina, quizá parezca una falacia, pero en una sociedad en recesión, carente de criterios morales, todo es posible.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona, 16 de Noviembre de 2012

miércoles, 10 de octubre de 2012

DESTINO Y PROVIDENCIA


Uno siempre ha sentido inquietud por la predestinación o sino del hombre. Aunque me considere afortunado al haber sido tocado por el don de la fe, ello no es óbice para interesarme, como ser racional, por la casuística que desde antiguas civilizaciones marcan el destino del hombre desde el origen hasta su ocaso.


En la cultura greco-romana estaba perfectamente descrito, aunque ya en la mitología clásica y en civilizaciones como la babilónica, ya aparece el concepto del sino o el hado. Dios Zeus marca sus designios y así aparece en los poemas de Homero con sus dictados inexorables.
Los helenos y los romanos personificaban el destino en las Moiras o Parcas, tres doncellas con túnicas blancas concordes con la voluntad inmutable del destino. Cloto para los griegos, Nona para los romanos, sostiene una rueca con el hilo del destino. Laquesis o Décima lleva una pluma que asigna el destino, enrollando el hilo en el carrete dirige el curso de la vida. Átropos o Morta tiene la balanza, coge el carrete y corta el hilo de la vida.

Destino, sino o hado no son incompatibles con la providencia. En efecto, en civilizaciones pasadas estaban relacionadas directamente con deidades. Hoy me atrevería a señalar que el sentido del destino alberga un poso de trascendencia por cuanto es atribuible a algo que supera al hombre, en ese sentido, para los creyentes, la providencia es lo que Dios tiene al alcance de los hombres, no obstante existe una substancial diferencia, mientes que el destino es una supuesta fuerza a la que atribuimos todo lo que ha de suceder de forma irremediable (la fuerza del destino), la providencia relaciona la existencia de Dios con el libre albedrio del hombre, así el hombre es libre para decidir intrínsecamente sus acciones morales e intelectuales, Dios no interviene coartando su libertad.

He aquí la cuestión de fondo, el problema de la libertad del hombre siempre ligado a la suerte, la fortuna, la fatalidad o la desdicha, factores a los que atribuye su felicidad, pero es en la práctica libre y voluntaria de valores éticos y virtudes donde radica la felicidad, fin último de la naturaleza humana.

En términos filosóficos el destino es la fuerza determinada a la que se considera responsable de los acontecimientos que intervienen en la vida e historia de los hombres, y providencia la acción de Dios sobre el mundo, pudiendo intervenir, según la religión, por mediación de milagros. La cuestión estriba en conocer la procedencia, de donde emana la fuerza del destino ya que por otra parte conocemos que la providencia procede de Dios.
La providencia no se concibe sin humanidad y amor, la providencia es historia y ordena el curso de los tiempos, tal planteamiento podría responsabilizar al Creador de los males de la historia “el lodazal de males” según Kant, sin embargo sin la participación del hombre y su libertad no hay historia, es así que la caracterización teológica de la historia ha de reconocer necesariamente la intervención del hombre.

Muchos autores han llenado páginas hablando del destino. La ópera de Giuseppe Verdi La fuerza del Destino, basada en la obra Don Álvaro o la fuerza del sino del Duque de Rivas, es un ejemplo de lo prolífico y sugestivo de la cuestión a lo largo de los tiempos.

Fe, casualidad, circunstancias, expectativas, voluntad, un vasto recorrido por el devenir de la vida, por la andadura de cada ser que ignora su acontecer, por más que la planificación de su cotidianeidad lo prive alcanzar logros quizá latentes en su inconsciente.
Al final siempre nos quedarán dos opciones. La dependencia y sometimiento a nuestro destino o, ante hechos que nos superan, reconocer la existencia de un ser supremo a cuya providencia nos atenemos.
En el juego de la vida deberíamos aprender que la muerte forma parte de la existencia y solo es el nacimiento de otra etapa de la vida que desconocemos, del un logos absoluto que supera al hombre y su destino.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 3 de Octubre de 1012

jueves, 27 de septiembre de 2012

MANIFESTACIÓN SECESIONISTA

No cabe duda que la manifestación del pasado 11 de septiembre es un importante punto de inflexión para el camino iniciado por los independentistas hacia la soberanía de Cataluña.

Hoy los eufóricos secesionistas celebran la contundente respuesta popular y consideran que el pueblo catalán se ha manifestado unánimemente. Pero ¿quién es el pueblo? ¿quiénes los ciudadanos de Cataluña?, acaso los que el 11 de septiembre en número de 1 millón 2 o incluso 3, si se quiere, acudieron a la manifestación separatista o, los 4, 5 o 6 millones de catalanes que se quedaron en casa. Entiendo que la suma de ambos configuran el pueblo catalán, es así que lo sensato y prudente sería no sacar conclusiones prematuras, equivocas o partidistas de este 11 septiembre aun considerando la importancia de la convocatoria. Cierto es que posiblemente miles de personas son partidarias de la independencia pero no menos cierto es que muchas otras no lo son y abogarían por distintas fórmulas como integrarse en un hipotético estado federal.

Lo fácil es rendirse al éxito obtenido en una convocatoria promovida por la Assemblea Nacional Catalana con su presidenta Carme Forcadell al frente transmitiendo un mensaje valiente e inequívoco, y La Associació de Municipis per l’Independencia con su presidente Josep Mª Vila d’Abadal al frente que, efectivamente han conseguido un éxito sin precedentes al convocar a la mayoría de independentistas convencidos, pero ello es solo la expresión del sentimiento de una parte del pueblo, el resto está por ver.

Me pregunto porque el Presidente de la Generalitat no tiene la valentía de convocar o delegar una consulta popular (uno ya no se plantea el riesgo que asumiría si pudiese efectuarse un referéndum vinculante, hoy a todas luces inviable) con una pregunta clara y concreta: ¿Desea la secesión de Cataluña del Estado Español? Si-No. Entiendo que es la clase política la que sería consciente del peligro que entrañaría para los partidos nacionalistas la pérdida de un plebiscito de esta naturaleza, al fin y al cabo todos viven de manejar los fondos públicos, y su discurso en el fondo afecta más a sus intereses que al de los ciudadanos de Cataluña.

El pulso con el Estado está echado, ya no existe margen para el concierto económico, solo queda la consulta popular y el adelanto de elecciones con un programa claro y abierto de cada partido, abogando o rechazando la secesión del Estado Español.

En todo caso los mecanismos legales en democracia debieran respetarse y mucho me temo que pretenda imponerse la voz de parte del pueblo al margen de las urnas.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona, 12 de septiembre de 2012

miércoles, 5 de septiembre de 2012

SI TOMÁS MORO LEVANTASE LA CABEZA


Podría ser cualquier santo, hombre de bien o persona que reconociese en la honestidad, honradez e integridad parte esencial del ser humano y, que efectivamente al levantar la cabeza sintiera vergüenza de políticos y gobernantes. Pero es a Santo Tomás Moro quien ha tocado sufrir mayor escarnio y bochorno por ser el patrón de esta casta, caterva o juria de interesados que nos gobiernan.

Fue el 31 de Octubre de 2.000 cuando el Papa Juan Pablo II proclamó a Tomás Moro patrón de políticos y gobernantes, claro que para aquel entonces la desvergüenza política todavía no había alcanzado las cotas se sinrazón y gestión esperpéntica de los últimos años. La designación fue coherente, acertada y ejemplarizante al converger en el Santo la Cancillería de Inglaterra en el siglo XVI y negarse Tomás a prestar juramento de fidelidad a Enrique VIII como cabeza de la Iglesia en Inglaterra, llegando a la muerte, por defender los derechos de conciencia.

El rey había repudiado a su esposa Catalina de Aragón con la pretensión de que Clemente VIII anulase su matrimonio, al negarse el Papa, Enrique VIII se proclama cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Dos voces discordantes surgen por encima del Parlamento, que acataría la autoproclamación de su rey, Tomás Moro y Juan Ficher obispo de Rochester también ejecutado por negarse a firmar la formula por la que el rey se convertía en cabeza de la Iglesia.

El Lord Canciller de Inglaterra, además de excelso humanista, representa la rectitud de conciencia y por tanto rectitud de justicia. Sufrió una autentica pasión encarcelado en la Torre de Londres, dando sentido y coherencia a su convicción cristiana. La canonización le llegó en 1935 siendo Pontífice Pio XI. Así anglicanos y católicos lo reconocen como un mártir comprometido en la salvaguardia de los derechos jurídicos de conciencia.

Hoy, cuando uno observa el espectáculo político manejado por esa clase nefasta e intocable de políticos interesados, cuando no corruptos, siente también vergüenza e indignación de estos gobernantes que, en realidad, solo tienen como patrón al dinero, al sillón del congreso, de su comunidad autónoma o del ayuntamiento de turno. ¡Que pena! que uno de los personajes más relevantes del siglo XVI, máximo representante del humanismo en el Renacimiento, sea patrón de este atajo de impresentables, cínicos e hipócritas que nos gobiernan. Podrán interpelarme que no todos lo políticos lo son, y es cierto, pero yo añado que también la corrupción en el ámbito institucional ha crecido de forma exponencial desde las Cortes Constituyentes hasta hoy. Los que consienten, callan, ocultan o miran hacia otro lado también son responsables de la malversación, escándalos o prevaricación de toda una manada de acólitos rendidos a prebendas de políticos que nos han llevado al caos financiero y a la precaria situación del ciudadano de a pié.

Santo Tomás es el modelo, si se quiere utópico, de mantenimiento a ultranza de valores y principios del político al servicio del interés común por encima de formas legales e inmorales establecidas por regímenes absolutistas. Quizá por eso Juan Pablo II lo consideró idóneo como mártir y defensor hasta la muerte de la inalienable dignidad de conciencia.
Sólo le pediría al santo que cuando levantase la cabeza, restituyese la honradez y la ética que como patrón representa, dando un brusco golpe de timón que tirase por la borda todo este lastre nauseabundo, con nombres y apellidos, acumulado durante años que acabará por hundir el país.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona, 2 de Septiembre de 2012

viernes, 3 de agosto de 2012

DE COLORES


No se inquieten, no se trata de aquellos cursillos de Cristiandad que se celebraban en Creixell allá por finales de los años 50, ni del color, el sentido o el número de franjas de las banderas que debían ondear en los edificios oficiales y que en su día fue motivo de disputa. En esta ocasión, los polémicos colores (verde, azul o calabaza) que delimitan los espacios de aparcamiento en nuestras vías públicas son los culpables de la disputa entre la ciudadanía y la administración. La aparición en determinadas aéreas urbanas las coloridas franjas, nunca había levantado tanto revuelo entre vecindarios, seguramente ello obedece a la aplicación del plan de movilidad, que nuestro dinero ha costado, diseñado por los sesudos técnicos municipales.

Al margen de los razonamientos que puedan esgrimir las personas o colectivos afectados que disienten de la decisión municipal, es tan lícito ejercer tanto la reprobación razonada como la réplica por parte de la administración argumentando medidas, cuanto menos cuestionables, pero siempre desde el respeto evitando el insulto o la descalificación. Desafortunadamente los términos en los que se ha desarrollado la polémica no han sido los más edificantes.

El ciudadano es proclive a la crítica por las intervenciones de su consistorio, sobre todo si desprenden cierto olor recaudatorio sobre asuntos que afectan directamente a su bolsillo en el devenir diario, y con mayor motivo en los tiempos que corren de estrechez económica con una fuerte presión fiscal, recortes e impuestos que nos tienen ahogados. Pero la maquinaria de las administraciones no entienden de sensibilidades y todo queda supeditado a la necesidad recaudatoria.

Uno se pregunta cómo acabará este asunto. Mucho me temo que lo hecho, hecho está, y la marcha atrás se me antoja imposible o en todo caso improbable, por dos razones. Una, que atender las reivindicaciones de un determinado colectivo, supondría un agravio comparativo con otras zonas de la ciudad donde se ha señalizado zona verde y, entiendo, debiera aplicarse el principio de todos o ninguno. Y dos, que justamente quienes con más determinación han mostrado su protesta y disconformidad son vecinos de una zona que, si bien no pude considerarse como residencial, si goza de un status elevado.
Aún suscribiendo el contenido del artículo ‘Rebelión contra el parquímetro’ del subdirector de este Diari de Tarragona Álex Saldaña, publicado en el epígrafe ‘Desde el Balcó’ el pasado domingo, y tras este episodio puntual, uno se plantea, como propietario de vehículo particular, el imperativo de tener que asumir todos los gravámenes añadidos por uso y disfrute de este elemento motriz que hemos hecho imprescindible en nuestras vidas.

Al impuesto por el derecho a circulación, que ya nadie discute, se añadirá en un futuro pago por el de acceso a ciudades o a determinadas zonas, veremos los estacionamientos o aparcamientos privatizados, el precio de los carburantes desbordados, el mantenimiento y el seguro del vehículo en constante incremento, las revisiones e inspecciones obligatorias en creciente periodicidad, peajes abusivos o estrictas limitaciones de velocidad con desproporcionadas sanciones, y a todo ello añadir que se hará imprescindible disponer de una plaza de aparcamiento en propiedad o arrendada. Con este panorama nos cuestionamos si el ciudadano medio tendrá la capacidad económica de soportarlo. Si así fuera, el tema que hoy nos ocupa nos parecería trivial.
En todo caso la polémica está servida, pero al final el ciudadano calla y paga, por más que en esta ocasión el callar haya estallado en la prensa y en la calle.

Tarragona, 30 de Julio de 2012
Luis Álvarez de Vilallonga

jueves, 12 de julio de 2012

CODICIA, CRISIS, Y REALIDAD


No cabe duda que esta crisis, al margen de golpear a muchos inocentes, ha vuelto a la realidad a muchos españolitos de a pie.

Hace apenas cuatro años los políticos con competencia tanto autonómica como municipal, alentaban a promotores para que presentasen proyectos de viviendas y urbanizaciones, conscientes de que el ladrillo era su principal fuente de ingresos, y ahí entraba el juego oscuro de recalificaciones de suelo con la presunta, cuando no evidente, corrupción ligada a la burbuja inmobiliaria. La ambición por obtener dinero fácil mediante la compra hoy y la venta mañana con un beneficio del 30 al 40% sobre un valor ficticio que no se correspondía con la realidad, solo tenía el sentido de la especulación y favorecía la circulación de dinero negro.

No vamos a incidir sobre lo ya archisabido del colapso financiero tras las subprime, pero esta crisis ha puesto al descubierto las vergüenzas de la gestión política y económica de cada país, y la del nuestro con sus políticos ya sabemos ha donde nos han llevado. El contexto de esta crisis nos ha descubierto la realidad de un estado del bienestar sobredimensionado con un crecimiento construido sobre falsos cimientos y desmontado en un abrir y cerrar de ojos. Nuestra particular crisis ha dado al traste con las falsas expectativas de futuras generaciones que confiaban en un bienestar consolidado. En el fondo todo es más simple de lo que parece. Se ha gastado más de lo que podía soportar el bolsillo de cada español, engañado y dejándose engañar por créditos golosos que ofrecían la posibilidad de vivir como ricos sin serlo.

El sistema financiero español (comunidades autonómicas incluidas) con su irracional endeudamiento padece una enfermedad contagiosa de difícil curación. Las medicinas que hasta ahora se están aplicando no parece tengan efectividad y la previsible vacuna que se está elaborando nos tiene a todos angustiados.

Seguramente a pesar de la incertidumbre, la zozobra y desolación, esta crisis pasará llevándose por delante proyectos, ilusiones, voluntades, y dejando tras de sí muchos cadáveres en su recorrido, siempre ha sido así, basta con echar la vista atrás y observar las penurias de épocas pasadas, la recuperación y la vuelta a la prosperidad, si bien las secuelas que ésta deja privará y ejemplarizará a próximas generaciones a no vivir con la alegría económica anterior al 2008 y evitar el marasmo productivo de una sociedad con sus 445.000 políticos y unos 3 millones de funcionarios públicos, que son el reflejo de una sociedad civil que todavía cabalga sobre la picaresca y prefiere prescindir del rigor en el funcionamiento y gestión de las administraciones, a cambio de prebendas, enchufes o amiguismos que atentan contra el orden, la ética y la estricta aplicación de normas y reglamentos. Un país donde funciona la pillería, la evasión de impuestos, blanqueo de capitales, como se ha constatado en escándalos protagonizados por personajes que están en la mente de todos, es solo una muestra de lo que puede haber y lo que irremediablemente quedará impune en la clandestinidad, ocultado y olvidado.

La realidad es la que es. Deberemos soportar recortes, subida del IVA, y más que vendrá y de nada servirá lamentarse. Ahora solo queda arrimar el hombro y ser implacables con los culpables de la situación que hoy vive el país, por más que sepamos que los auténticos responsables del caos financieros, casi siempre quedan camuflados en la nebulosa impunidad.

Tarragona, 12 de julio de 2012
Luis Álvarez de Vilallonga