martes, 17 de febrero de 2015

A DÓNDE NOS LLEVA EL SIGLO XXI

Comienza el decimo quinto año de este siglo y a pesar de los malos antecedentes, crisis económica, conflictos bélicos en Siria, Palestina, Afganistán o Ucrania, secuestros y asesinatos, o la última masacre perpetuada en Paris por yihadistas radicales; la civilización avanza y confiamos en la capacidad del hombre para mejorar.
Si tomamos como referencia      
 el siglo pasado podríamos ser optimistas ya que si bien es verdad que fue el que abrió las puertas del progreso, lo que paradójicamente lo empaña son las ingentes guerras provocadas con el saldo de millones de muertos, pero lo que vergonzosamente lo estigmatiza son los masivos exterminios humanos producidos. La revolución china de 1911 y el advenimiento de la República, el encumbramiento de Mao Tse-Tung, la revolución rusa de 1917 derribando la dinastía de los Romanov hasta la instauración del estado socialista de Lenin, el tercer Reich con la llegada de Hitler al poder en 1933 y el genocidio judío o las purgas de Stalin y los exterminios en Camboya del líder de los Jemeres rojos Pol Pot.

Ante tal panorama de barbarie en el siglo que dejamos atrás, es fácil pronosticar una deseable mejora en el que nos toca vivir y una concienciación en el seno de las organizaciones mundiales y de quienes rigen los destinos de las naciones que eviten tantas atrocidades. Pero me temo que no existe una solución definitiva que resuelva los enfrentamientos entre pueblos; la ley del más fuerte ha prevalecido sin considerar lo justo ante un determinado conflicto, porque el principio de justicia no emana del hombre sino que se lo arroga en usufructo usurpadándolo a cualquier umbral de inteligencia suprema o deidad, y así el hombre mesiánico, para alcanzar una sociedad libre y justa, no ha dudado en aplicar con toda brutalidad y transgresión el pronunciamiento de que el fin justifica los medios.
Hoy el terrorismo que prolifera en el mundo, es una nueva forma de guerra vil y mezquina, se adoctrina a hombres y mujeres capaces, con la conciencia tranquila, de matar decapitando, torturando, degollando o inmolándose con explosivos masacrando a inocentes. Es el fruto de una monstruosa concepción de doctrinas fundamentalistas que conducen a un fanatismo ciego e irracional, es la barbarie llevada a extremos de radicalización. Este fanatismo parece no tener límites. ISIS (Estado Islámico de Irak y el levante), Boko Haram en Nigeria o la yihadista Al Qaeda, son organizaciones o redes terroristas frente a las que occidente se enfrenta impotente en a una guerra pseudoreligiosa donde la vida y la muerte cohabitan en un mismo plano y con la problemática de demostrar quién financia a estas organizaciones terroristas.

La estupidez humana no entiende que la libertad absoluta no existe de forma que la transgresión de la línea que afecta al derecho natural del hombre y por extensión de los pueblos, plantea serias dificultades jurídicas según los códigos en que los que nos movamos, y así conciliar el poder con la igualdad o la justicia es pura utopía. Cuando los más dotados manejan las libertades, deben ser controlados para evitar que el poder omnímodo se imponga en detrimento de más débiles.

Se me antoja que en este siglo no habrá otra forma de conseguir acomodar valores fundamentales universales que armonicen libertad, igualdad, seguridad, justicia, paz, y a la postre felicidad en la forma de entender la vida entre oriente y occidente, entre una concepción laica o religiosa que; establecer compromisos, pactos, formulas compatibles, compromisos que respeten la diversidad de cada sociedad, huyendo de planteamientos tiránicos, fundamentalistas o fanáticos, y establecer un marco común y recíproco de racionalidad y convivencia en tolerancia y comprensión. De otra forma solo cabe el blindaje de Europa frente a la amenaza del fundamentalismo islámico con medidas que pudieran repugnar a una democracia abierta y civilizada pero que ante tanta barbarie obliga a reflexionar que nos ha conducido a esta situación tan alarmante al constatar que tenemos al enemigo conviviendo en nuestra propia casa.

Un grave problema cuya solución, sin duda, pasa por el consenso y colaboración de todos los países libres, democráticos y comprometidos con los derechos humanos. Un reto que nos plantea el siglo XXI para generaciones venideras.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona, 09 de enero de 2015 
 
 
 
 
 
 

lunes, 22 de diciembre de 2014

NAVIDADES LAICAS

El título provisto de este artículo, bien podría circunscribirse a la figura retórica oximorón, ya que  Navidad y laicismo tendrían un significado opuesto o en todo caso antagónico, pero en realidad, y a fuerza de descontextualizar el término Navidad, darle preponderadamente  un sentido lúdico, festivo, comercial o consumista, buena parte de la sociedad se ha olvidado de lo que verdaderamente significa, asociándolo a días de fiesta y vacaciones  que por otra parte y complementariamente no está en contraposición con la auténtica vivencia de la culminación del tiempo de adviento.
Para uno (creyente y practicante) la Navidad es un tiempo feliz. Cierro los ojos y me remonto a mi infancia. Eran tiempos en que tradicionalmente se creía en los Reyes Magos, en el “caga tió”, en la ilusión de ver el árbol iluminado, pero sobre todo en la esperada construcción del belén; aquellas figuritas de barro, los rebaños de ovejas y cabras, los ríos de papel de plata, los puentes y las casitas de corcho, el “cagané” que siempre intentábamos ubicar  en un lugar semioculto, o aquel musgo tierno recién cogido del campo; finalmente el pesebre presidido por la estrella de oriente y en el interior del establo la mula y el buey, la sagrada familia, José, María y el niño Jesús, y adorando, los reyes magos sobre camellos, caballos o a pie llegados para ofrecerle oro, incienso y mirra.
Los villancicos no faltaban en cada hogar, y la familia se reunía tras la misa del gallo para degustar neules y turrons. El 25 escudella con galets i carn d’olla amb ceba, col, patata, cigrons, botifarra blanca i negre  y luego el tradicional capó rostit i farcit amb panses, prunes i pinyons.
Eran tiempos en que la  Navidad tenía toda la magia, encanto y significado. Hoy la Navidad continua presente pero, para muchos, las connotaciones religiosas han quedado apartadas. Cierto es que cada cual tiene el derecho a creer o no lo que considere y celebrarla en coherencia con sus convicciones, pero para los cristianos la Natividad es ante todo la conmemoración del nacimiento de Jesús, su llegada al mundo para redimirnos. Pero también de las virtudes cristianas se derivan los valores humanos que en estos días la gente de bien pone de manifiesto, la caridad, la solidaridad, la tolerancia y comprensión, la amistad, la generosidad y la entrega, todo esto debiera generar alegría, felicidad, reconciliación, perdón y paz.
No cabe duda que la Navidad perdurará en el tiempo porque es amor, y así como las tradiciones, costumbres y modas, se pierden, modifican o substituyen; la Navidad supera a lo humano porque su génesis es la esencia del espíritu divino de nuestra fe.
Tarragona, 22 de Diciembre de 2014
Luis Álvarez de Vilallonga               










sábado, 6 de diciembre de 2014

DINERO, ESA DIOSA SIN NOMBRE


Parece, por lo poco que uno sabe, que no existe constancia, y concretamente entre los antiguos amanuenses del siglo II a. C., de un nombre que identifique a la diosa dinero si no es considerar el vocablo dinero como el calificativo de la propia diosa. En cualquier caso  la semiótica o sistema de signos no revela a los eruditos ni siquiera la existencia de aforismos en cuanto a una evidencia  lingüística identificativa.
Hoy en que cada día los medios ya no nos sorprenden con la aparición de nuevas corrupciones en cadena, imputación de de personajes, que teníamos por honestos, y toda clase de tramas y fraudes  para enriquecerse y eludir al fisco;  una visión retrospectiva nos revela que la sociedad de hoy no es mejor que la de siglos pasados, quizá el refinamiento, sutileza e ingenio para enriquecerse ha mejorado pero el fondo continua siendo el mismo. El egoísmo humano no tiene límites y la tentación a aceptar la prebenda, dádiva o soborno como solución a una determinada situación personal puede ser en determinados casos comprensible pero nunca justificada y  a todas luces reprobable.       
 No cabe duda cabe duda que la riqueza, la pecunia, la abundancia, los tesoros, las joyas, el oro, a través de la historia han sido motivo de disputas, enfrentamientos, guerras y toda clase de escarnios y asesinatos pero, la “Diosa dinero”, ese patrón de riqueza, no debe forzosamente anatematizarse ni asociarse necesariamente a la corrupción. En efecto, la riqueza puede ser perfectamente asumible si no va acompañada de ciertos aditivos letales. La avaricia, la usura, el lucro como especulación, son evidencias de un excesivo amor por el dinero y pueden resultar indecentes ante la desigualdad social, y así nuestra conciencia, formada en la religión o el humanismo cristiano, muestra cierto pudor por la opulencia sin llegar a anatematizarla como ocurre desde la perspectiva del ascetismo religioso o las clausuras monásticas, sin embargo también las teologías, la ética de los estoicos o filósofos que se precien, transitan por la riqueza comedida y equitativa.
Nuestro siglo ha llegado a límites insospechados de formas, métodos y procedimientos corruptos; en la sociedad de hoy la especulación económica, la apropiación indebida, la prevaricación, la estafa, el fraude, la malversación de caudales públicos o el blanqueo de capitales, adquieren un componente salvaje e inhumano y la avaricia no encuentra satisfacción ni límites; la obsesión por el dinero se convierte en locura, vicia la existencia y escapa al control racional de quien emprende esta frenética carrera; contrabando, prostitución, armas o droga, es entonces cuando el dinero despide olor a muerte.
Por otra parte no seriamos justos sin reconocer aquella riqueza alcanzada con el esfuerzo honesto, el ingenio, la emprendeduría (hoy tan elogiada), el riesgo y la habilidad para invertir y acrecentar valores financieros. Es así que la condición de la naturaleza humana tiende a envidiarla y fiscalizarla, pero es perfectamente lícito luchar por alcanzarla.
Pero esa diosa sin nombre carece de entrañas, es desvergonzada, abyecta, inmisericorde, depredadora, explotadora, vil, mezquina, miserable, y así podría añadir todos los calificativos degradantes habidos y por haber; en efecto no podría ser de otra forma cuando uno piensa en el dinero que genera la prostitución infantil, el negocio de órganos vitales, los capos de la droga, el tráfico de armas, las mafias del soborno, la  extorsión  y el crimen o como,  de forma sangrante, el dinero corrupto ha sido el aliento de la política. Así esa diosa consagra el dinero todopoderoso y sometido a ella, la miseria se arrastra oculta desde los estratos más  deprimidos hasta las ruinas financieras, donde el suicidio es el tributo al fracaso, pero también  barrios marginales, donde niños escudriñan en vertederos, prostíbulos afincados en la vida de madres obligadas a sobrevivir, o tullidos, mendigos y desheredados de la tierra albergados en megalópolis que los exprimirá hasta su consumación.
Un prestigioso periodista, contertulio de La noche en 24 horas de TVE, aludía a Moisés cuando descendió del monte Sinaí con las Tablas de la Ley, encontrando al pueblo israelita venerando a un becerro de oro que habían construido fundiendo metales preciosos. Una oportuna reflexión bíblica que me lleva a considerar que en ese sentido nada ha cambiado;  desgraciadamente buena parte de la humanidad hoy continúa adorando al becerro de oro.
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 1 de Diciembre de 2014







domingo, 2 de noviembre de 2014

SECTARISMO Y NACIONALISMO

Uno de los actos cívicos más democráticos, aunque también aventurados, es el  razonamiento  público con exposición de argumentos que aborden una querella social  a favor o en contra.

El fondo de la cuestión es el poder político, en efecto, cualquier vocablo sobre el tema que nos ocupa (nacionalismo, separatismo, secesionismo o independentismo) conduce finalmente a la implantación del poder emergente frente al legalmente establecido.

La historia nos muestra como siempre, desde el poder, se ha intentado adoctrinar a las masas utilizando cualquier medio e instrumento, hasta el juego con los sentimientos. Esta práctica universal puede entenderse en oligarquías, dictaduras, o pseudo- democracias de corte populista, pero en democracias avanzadas no debieran tener cabida, sin embargo sigue ocurriendo. Partidos instalados en el gobierno lanzan proclamas nacionalistas desde medios públicos y privados subvencionados con fines propagandísticos, esgrimiendo toda clase de argumentos, historia adulterada o análisis arbitrarios sin detenerse a considerar la posibilidad de que un discurso continuado, porfiado y tenaz pueda escapar al control de multitudes  y provocar un enfrentamiento callejero de consecuencias imprevisibles; de hacho la fractura de la sociedad catalana es evidente y preocupante.

El creciente y vociferante independentismo en Cataluña tiene su explicación y principio embrionario no en el pueblo llano sino en la clase política que pretende así perpetuar su hegemonía ejerciendo un poder mesiánico sobre las masas.  La manipulación de la historia alimenta resentimientos, animadversiones y hasta enfrentamientos cuando la ignorancia o la ingenuidad es terreno abonado para el engaño y las medias verdades.

En los últimos años el sentimiento nacionalista ha sido alentado desde los medios públicos y desde el poder político, pero también es cierto que  el problema lingüístico, económico, fiscal y de endeudamiento, han favorecido ese crecimiento de abajo a arriba, donde el paro, los recortes y la pobreza han alimentado el sentimiento secesionista, porque parece que toda la responsabilidad en la falta de recursos proviene del Gobierno Central, recordemos la célebre frase  “España nos roba”.

Hoy disputas sectarias se producen en el seno de muchas familias cuando hace solo unos años gozaban de buena armonía, entendimiento y respeto a diferentes criterios y posicionamientos políticos. Ahora parece que el problema social de empobrecimiento, cultural, étnico o religioso queda minimizado ante el órdago independentista de CiU ERC, ANC u Òmnium.

La aventura independentista, parece que se desinfla. El globo secesionista hinchado por historiadores folcloristas y filólogas de palacio, que sacrifican el contexto histórico cuando interesa y extrapolan hechos, acontecimientos y episodios, dándoles el sentido que buscan que no se corresponden con la realidad, y así han dejado lamentables escenarios de enfrentamientos estúpidos y sectarios con símbolos de banderas, cantos y ese victimismo permanente que distancia a unos pueblos de otros.
Hay mitos i perjuicios que debieran quedar disipados. Los nacionalismos periféricos, durante los 40 años de franquismo fueron discriminados cultural e ideológicamente, sin embargo parece que ahora hay que regenerar todo lo que se perdió, que no fue mucho ni poco, y que en todo caso se ha recuperado a marchas forzadas; pero hay que pensar que en ese nacionalismo no todo es progresista (si se me permite utilizar este término tan ambiguo y manipulado), por sí misma la ideología nacionalista es un término que expresa una corriente reaccionaria y discriminatoria y consecuentemente de raíces antidemocráticas.  

Próximos al 9N parece que la consulta, aunque previsiblemente masiva,  no dejará de ser un simulacro sin mayor trascendencia formal. En cualquier caso la incertidumbre sobre el hecho y sus consecuencias se mantendrá hasta el último momento aunque a nadie escapa que el problema catalán es real e irreversible y habrá que encontrar una solución negociada, y esa negociación pasa por una reforma constitucional. Habrá que esperar a las próximas legislativas y la composición de fuerzas en un nuevo arco parlamentario, que se me antoja variopinto, para consensuar las tres quintas partes de las cámaras para cierto articulado y los dos tercios para los Títulos Preliminar, 1º y 2º, y acometer esa reforma que está llamando a las puertas del Congreso que, no solo debe afectar al tema catalán sino a otros muchos aspectos y capítulos  de la Carta Magna cuya actualización no debiera demorarse atendiendo a la demanda de las nuevas generaciones, ajenas a aquellas Cortes Constituyentes que sirvieron entonces para consensuar pacíficamente el cambio vital a una Nueva Ley Constitucional que hoy garantiza nuestro estado de derecho, y que por tanto debemos acatar y respetar en tanto no se modifique a través de los mecanismos democráticos establecidos.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 28 de Octubre de 2014




lunes, 27 de octubre de 2014

LEGITIMIDAD DE JUAN CARLOS Y FELIPE

Quizá sea una apreciación personal pero a tenor de las monarquías en ejercicio que sobreviven en Europa, la nuestra se presenta claramente cuestionada por ciertos sectores de la sociedad, y cuanto menos es políticamente complicada, por lo que su vigencia se me antoja limitada a medio o largo plazo.

Cuando el Generalísimo Franco designó sucesor como Jefe de Estado a título de Rey al Príncipe Juan Carlos, fue una decisión que de una u otra forma, ya desparecido el dictador, todos acatamos a tenor del proceso democrático constituyente.

La actual monarquía parlamentaria no es tan cómoda como pudiera parecer al estar sometida al riguroso escrutinio público y a la constante y exigente transparencia que en ciertos momentos se solapa con lo privado, haciendo incómodo y severo un ejercicio monárquico en el siglo XXI. En efecto, las monarquías parlamentarias deben someterse al control que exija el parlamento en consonancia con las leyes democráticas y la Carta Magna.

El 22 de noviembre de 1975, Don Juan Carlos de Borbón juró la legalidad entonces vigente, que no la legitimidad; su abuelo Alfonso XIII abandonó España cuando se proclamaba la II República.
Con la Reforma Política del 76, la convocatoria de libres elecciones en junio de 77 y la promulgación de la Constitución Española sancionada por SM el Rey Don Juan Carlos I en diciembre del 78, se asentaron los cimientos que sostienen los pilares de nuestra actual democracia.
Juan Carlos I fue intuitivo al elegir de la terna (Adolfo Suarez González, Federico Silva Muñoz y Gregorio López Bravo), aunque también se especuló mucho con el nombre de José María de Areilza y Martínez-Rodas (Conde de Motrico) que finalmente no fue incluido. La terna fue elevada al Rey por los consejeros del Reino y trasladada por el presidente del Consejo Torcuato Fernández-Miranda.
Designado Adolfo Suarez Presidente del Gobierno, el binomio con el Rey fue decisivo para acometer, no sin riesgos pero con firmeza, los cambios preceptivos que la sociedad demandaba hacia la consolidación de la democracia. No cabe duda que estos acontecimientos avalaban o cuanto menos favorecían una legitimidad que debía acreditar el monarca, pero a pesar de todo Juan Carlos tuvo que ganarse a pulso una legitimidad puesta en entredicho por ciertos sectores de la sociedad. El aldabonazo definitivo fueron dos hechos excepcionales en sintonía con el Presidente Adolfo Suarez: la legalización del PCE y su inequívoco posicionamiento ante el 23 F, que disiparon cualquier reticencia sobre su figura como Jefe del Estado y consolidaron su acción hacia el camino democrático que legitimaban definitivamente su reinado.

Su sucesor Felipe VI, podría optar por el refrendo democrático y conseguir la legitimidad desde la soberanía popular, pero estamos seguros que no correrá ese riesgo ni su entorno institucional se lo permitiría. Por otra parte, aunque nadie duda de su preparación, carisma y voluntad; destaca como primera medida limitar el contexto de la familia Real y apartar a quien haya sido imputado por delito fiscal. En cualquier caso, es evidente que le tocará recorrer un largo camino y mucho que demostrar para ganar esa legitimidad en origen. Parece que posee buenos mimbres pero deberá “torear” con una sociedad cambiante con demandas y exigencias que, aunque competen en primera instancia al Parlamento, deberá afrontar, y su criterio puede ser determinante a la hora de acometer cambios en la Constitución, bien en los títulos, capítulos o articulado, pero en ningún caso enmiendas a la totalidad. Un análisis complejo que deberá abordar desde su imparcialidad.

El panorama no se le presenta particularmente idílico; las consecuencias de la crisis económica, el resquebrajado consenso constitucional, la fiebre soberanista, la fragmentación de la izquierda, la incertidumbre sobre el bipartidismo y la aparición en escena de un populismo extremista, auguran tiempos difíciles en los que irrumpirán caldos de cultivo adoctrinados y madurados durante la última generación a los que habrá que dar respuesta adecuada con sensatez, dialogo y serenidad, pero también con firmeza y determinación.

Cuando suenan voces reclamando una república, se hace imprescindible constatar la utilidad de un nuevo monarca pues sin ella la monarquía parlamentaria no tendría sentido. La jefatura del Estado en nuestro país es fundamentalmente una representación institucional y una función protocolaria y por tanto con un poder poco real y muy limitado; la soberanía reside en el Parlamento representante del pueblo. Por otra parte las dos experiencias republicanas fracasaron y tras la dictadura, hemos vivido un largo período de estabilidad democrática jamás alcanzado, no parecería pues sensato ni necesario cambiar ahora el sistema.


En un final de legislatura presumiblemente crispado, corresponderá Rey generar el clima necesario en un marco de diálogo y entendimiento para acometer las reformas constitucionales que no admiten demora, aunque quizá habrá que considerar un necesario receso hasta la composición del nuevo arco parlamentario que surja de las próximas legislativas.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 2 de Octubre de 2014




jueves, 11 de septiembre de 2014

PODEMOS O REGENERACIÓN DEL SISTEMA



En estos tiempos difíciles, de crisis, desengaños, desilusiones y frustraciones, el espectro político está en primer plano ante una sociedad buscando una alternativa que le devuelva el sosiego y la seguridad y ciertas garantías exigibles, ante las negras expectativas que el CIS pronostica.

Al margen de los anti sistema, el movimiento 11- M y otras formaciones de corte radical, no sería lógico pensar que toda la sociedad se apunte a cambios tan radicales, inciertos e inviables; ¿acaso no existen más alternativas?

Quizá haya un interés general por satanizar un liberalismo en el que hoy por hoy ningún partido se sentiría cómodo, ya que todos, en mayor o menor medida, cuando alcanzan el poder, practican un paternalismo intervencionista sobre la sociedad civil.

En todo caso, nuestros políticos adolecen del sentido representativo que se les concedió en las urnas y en una democracia representativa debieran considerar las inquietudes, quejas y propuestas de sus representados y asumir los errores y críticas. Es obvio que esta democracia debiera acometer cambios substanciales sin miedos ni reticencias, son síntomas que emanan de una sociedad hastiada de tanto blindaje y aforamiento, es la clase política la que huye y se resiste a cambios transparentes, leyes electorales o reglamentos camerales que puedan afectar a su estatus privilegiado.

La fragilidad de los sistemas hace sino que ratificar la debilidad del hombre integrado en una determinada ideología cuando sus intereses personales no le satisfacen. Las mentalidades totalitarias son delirios, patologías que someten pero que nunca llegan a imponerse en el tiempo. Ni el estalinismo ni el nazismo hitleriano tenían escrúpulos ante perjuicios antisemitas y paranoias de aquellos sistemas que provocaron millones de muertos.

La memoria es frágil pero peor es la ignorancia; las dictaduras o los regímenes populistas, alcanzado el poder, eliminan o desarticulan todo lo que pueda hacerles la más leva sombra y se arrogan la única ordenación legítima, son Estados habitualmente de corte comunista donde se reparte miseria para todos excepto para el partido que medrará subrepticio en un auténtico capitalismo.

No hay progreso político sin progreso moral a pesar de que la historia se repite con periodos cíclicos en lo esencial aunque vestidos con atuendos, artíficos y avances tecnológicos de su época. Pero ese monoteísmo de observar la historia desde su miseria, barbarie y crueldad como algo ya vivido en otra frecuencia, pone de manifiesto el convencimiento de considerar al progreso moral como algo inevitablemente necesario para el desarrollo de la humanidad.

Es así que las tesis políticas con moral pervertida pueden imponerse a nivel teórico pero cuya praxis fracasa en el tiempo. El elemento que compromete, garantiza y trasciende al ser humano es el sentido estético de religión sobre el que después de dos mil años se continúa discutiendo.

En nuestra joven democracia nadie pensaba que pudiera haber margen para un hipotético populismo, pero hoy contemplamos con estupor que ya está llamando a las puertas del Congreso. Ante postulados leninistas, sistemas trasnochados, comunas y otras beldades, se impone una profunda reflexión y considerar que el esfuerzo de generaciones por levantar un país no puede echarse por la borda. Quien hasta ahora ha permanecido impávido ante las urnas porque el sistema no les afectaba negativamente o podían soportar sus decretazos, que empiecen a preocuparse porque los bienes, patrimonios y libertades ganadas estarían a precario, si las generaciones perdidas consiguen romper el sistema.

En política todo es posible y no debemos menospreciar a nadie. Cada partido cabal deberá valorar su situación y actuar en beneficio de un país miembro de la UE. Solo el consenso, para la regeneración de un sistema corrompido, de todos aquellos que votamos la Democracia Constitucional puede evitar aventuras populistas de calado leninista.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona 09 de Septiembre de 2014






jueves, 14 de agosto de 2014

POPULISMO, COMUNISMO Y OPORTUNISMO


El resultado de las pasadas elecciones europeas ha puesto en alerta nuestro país a los dos grandes partidos mayoritarios ante la considerable pérdida de votos, conscientes, aun sin ser extrapolables, de una hipotética fuga de sufragios en próximos comicios.

Adoctrinar al pueblo es atrofiar su capacidad para pensar por sí mismo, la desculturización, los discursos partidistas, la historia sesgada, las medias verdades y las flagrantes mentiras, forman parte de ese riguroso adoctrinamiento obligado en los manuales de las dictaduras. Sin embargo, lejos de abandonar esos métodos, también en las democracias se emplean con mayor o menor sutileza, ya que los réditos conseguidos por los partidos son considerables a la hora de alcanzar el poder que buscan.

Partiendo de la base que el hombre como ser individual tiene todo el derecho, no solo a criticar denunciando o refutando todo aquello con lo que no esté de acuerdo ya sea político religioso o ideológico, sino también a combatirlo con las armas o procedimientos lícitos que la ley pone a su alcance, pues de otra forma la sociedad permanecería inamovible, encorsetada, anclada en sistemas inalterables proclives al agotamiento, la ineficacia, el anacronismo y la perversión. Durante el último tercio del siglo pasado y principios de XXI se han producido relevantes convulsiones políticas y una eclosión migratoria buscando, más que una vida digna, la mera supervivencia.

El impaciente impulso del hombre por experimentar cambios a tenor de los constantes avances científicos y tecnológicos, son realidades que han acelerado la capacidad de conocimientos desde la inmediatez informativa y en consecuencia la aparición de líderes mediáticos, movimientos reivindicativos y mensajes semánticos sin solvencia acreditada que inundan las redes sociales y alcanzan cualquier rincón del mundo. Nuestra libertad de expresión, cada vez mayor, se acrecienta día a día superando las barreras legales ante sentencias judiciales que amparan hechos censurables desde la lógica y el sentido común y que sorprenden ante nuestro desconocimiento de los vericuetos jurídicos. Siendo así, no es extraño que rebeldes o revolucionarios crecidos osen proferir cualquier exabrupto o acción que les venga en gana contra la coherencia constitucional, forma de estado establecido, política de turno, libertad religiosa o sistema democrático.

Según Octavio Paz “La revuelta es la violencia del pueblo; la rebelión, la sublevación minoritaria; y la revolución es reflexión y espontaneidad”. En todo caso las revoluciones, sean del signo que sean, su reflexión, en la práctica no tiene conciencia ni misericordia y en su nombre se han producido holocaustos, masacres y exterminios. Solo el pacto social puede garantizar un cambio donde impere la justicia y la equidad.

Nos jactábamos de ser una sociedad democrática donde antes de la crisis habíamos alcanzado un nivel de abundancia en un libre mercado con obsesión por producir más y más, y así nuestra capacidad por consumir se convirtió en el primer objetivo sin apenas considerar la miseria del tercer mundo; pero lo grave es que ese consumismo material descontrolado también lo asociamos al terreno de las ideas, al amor de alcoba, a una la amistad ficticia e irreal (una absurda competición por ver quién lograba más amigos en Facebook), prácticas perecederas en la que todo tiene una vigencia efímera, se adquiere se utiliza y se prescinde o abandona, así nuestra sociedad se ha visto superada por tanto desecho material y moral.

Ante esta situación es fácil encontrar terreno abonado para el populismo. El nuevo totalitarismo de corte comunista, pretende enmascarar su potencial enfrentamiento contra la democracia, la libertad y los derechos humanos. Cuando la crisis ha golpeado duramente a determinados estratos sociales y se ha puesto en duda la globalización capitalista, tampoco se encuentra respuesta ante el fracasado totalitarismo comunista. Aun reconociendo las grandes carencias de nuestro sistema, hoy estamos ante el umbral de una nueva revolución genética, demográfica, étnica y económica de alcance mundial ante la que no podemos prever sus riesgos, peligros o beneficios.

Nos ha tocado vivir a caballo entre dos siglos que parecen estar compitiendo por la autodestrucción, se postulan ideales de autodeterminación y autogobierno y el concepto de democracia parece un término confuso que pierde sentido y se acomoda a la interpretación interesada de cualquier preboste. Hoy nos invade una amalgama de ideas ambiguas, contradicciones, fanatismos fundamentalistas, terrorismo y conflictos de intereses y de poder sin visos de solución. Por el momento nos conformaríamos con el cumplimiento a ultranza, y con el máximo rigor, de las leyes establecidas.

Solo una apueste por una supremacía desde las cuestiones del espíritu, la regeneración ética, la honradez y rectitud de conciencia, podrían aportar luz a esta Babilonia universal.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona 13 de Agosto de 2014