jueves, 13 de agosto de 2015

A VUELTAS CON LA MEMORIA HISTORICA

 Parece que no hay forma de finiquitar la dichosa ley de memoria histórica que de forma tan irresponsable y nefasta soliviantó el presidente Rodríguez Zapatero. El resultado fue reiniciar una nueva confrontación de las dos Españas que la transición democrática había conciliado de forma ejemplar. Ahora la alcaldesa Ada Colau ha nombrado a Xavier Domenech comisionado para la memoria histórica, como si no hubiese temas más prioritarios e importantes que tratar.
 
La memoria histórica casi nunca suele ser objetiva, incluso la relatada en primera persona; la contraposición de las memorias personales e individuales configuran la historia de forma porcentual en la objetividad de cada individuo, sólo la memoria histórica adquiere rigor y objetividad cuando la coincidencia porcentual en el relato histórico alcanza una mayoría abrumadora; es el caso de holocaustos, exterminios o crímenes contra la humanidad. Pero la memoria histórica es muy proclive a revestirse de ciertas cuotas relativismo cuando no de dogmatismo en aras de ciertos intereses o resentimientos preconcebidos.   
La memoria histórica puede ser buena o mala. El individuo forja su  identidad en un contexto de vivencias, experiencias individuales y colectivas y en el conocimientos del pasado  a través de la historia; historia cuyas fuentes pueden ser y son diversas y dispares, de ahí la reserva y prudencia a la hora de aceptar como única y verdadera una determinada visión de la memoria histórica. El pasado es algo que no debe borrarse, queda escrito en sus diversas versiones, pero nunca debe ser una obsesión, antes bien una lección positiva de la que cada uno debe extraer su propia valoración. El Tratado de Versalles fue una enfermiza obsesión para Hitler y no perdía ocasión para recordárselo al pueblo nutriendo así su espíritu de venganza.

Las educaciones nacionalistas son un ejemplo de la memoria negativa. Coincido con la célebre frase de George Santayana  “Los pueblos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo” sin embargo ello no constituye ninguna garantía. Europa es triste ejemplo de reincidencia a pesar de conocer sus delirios, descarríos, y vergüenzas históricas que provocaron contiendas inhumanas e irracionales.
Hay memorias que crean leyendas para salvaguardar las carencias, miserias, o intereses de gobernantes, siendo rescatadas de forma adoctrinada y sin visos de realidad. Suele suceder que la memoria histórica se utiliza como arma vengativa  con una  visión  desenfocada en el tiempo y más próxima a la ucronía que a la realidad de los hechos; el rencor favorece todo tipo de interpretaciones, es bueno conocer la historia pero la dependencia de su memoria siempre condicionara nuestro presente.
A veces es necesario renunciar a la batalla política para adoptar posturas conciliadoras ante confrontaciones que pueden desembocar en enfrentamientos dolorosos. Las educaciones adoctrinadas son un ejemplo de la memoria negativa, en muchos casos se manipula porque está construida  desde la eliminación del pasado, del olvido o la creación y reconstrucción de una memoria impuesta e interesada.
La memoria histórica tiende a defender nuestro propio pueblo, nuestras ideas, nuestra colectividad y en todo conflicto hay leyendas negras y gloriosas, víctimas y vencedores y paradójicamente en nuestro país tras cuarenta años de democracia en la que se recompuso  una memoria convulsa y se alcanzó un consenso en el reconocimiento y la conciliación de las partes, ahora parece que la visión de los acontecimientos pasados, inducidos por una óptica ideológica, persigue romper la concordia alcanzada en democracia tras la tragedia de nuestra cruenta guerra civil.
 
Las nuevas generaciones harían bien en enterrar las causas políticas y luchar para no perder las libertades ganadas durante la transición, evitando que el poder caiga en manos de quienes de forma hipócrita y engañosa pretenden un bien común basado en la anulación del gran potencial de la sociedad civil para manipular desde el aparato del estado toda actividad política, social y económica; una utopía ya sufrida con nefastas consecuencias.
Finalmente la memoria histórica nos recuerda grandes hechos en los que la humanidad ha ido progresando constantemente a pesar de las guerras, dictaduras y holocaustos, pero solo el progreso moral nos puede aproximar a un escenario propicio para el diálogo, el consenso y la cancelación de odios, rencores y viejos resentimientos del pasado.

Luis Alvarez de Vilallonga
Tarragona, 31 de Julio de 2015


sábado, 11 de julio de 2015

LOS CAMBIOS QUE SE AVECINAN

A estas alturas de la legislatura y transcurridos los comicios municipales, nadie duda de que es necesario e inevitable que se produzca un cambio en la forma de hacer política, en las estructuras del Estado y en el sistema electoral, pero sobre todo en las personas que deben liderar las diversas opciones ideológicas ya que el desgaste, el empecinamiento y la falta de entendimiento entre gobierno y oposición se ha evidenciado durante los últimos cuatro años; sin embargo el cómo y el modelo de cambio preocupa ya que la democracia concede margen suficiente para que accedan al poder extremismos radicales, populismos o cualquier extraño personaje o formación respaldada por intereses de terceros.

El resultado de las recientes elecciones municipales, han abierto los ojos a no pocos ciudadanos, al haberse radicalizado el voto en función de la opción política de partido en  lugar de la atomización del personaje idóneo para gestionar la administración local, y por otra parte el panorama autonómico ha dejado claro la precariedad de las fuerzas de centro derecha para formar gobiernos y la posibilidad de posibles pactos entre fuerzas de centro izquierda con izquierdas radicales y populistas. Lo positivo de este nuevo panorama político es que nos puede servir de referencia como si de una primera vuelta de tratase, y de aquí a hasta las próximas generales (y nunca mejor dicho próximas) las tomásemos como una segunda vuelta y con ello enmendásemos este batiburrillo político, despejando incógnitas, trasvase de votos, abstenciones de molestos y desengañados, o escépticos a la hora de emitir sufragios, propiciando una gobernabilidad con pactos naturales y estables.


Quedan pendientes las elecciones en Cataluña y aquí cabe una reflexión y un capítulo aparte. La historia del nacionalismo interno en España se concentra en dos comunidades históricas marcadas por un carácter político de estatutos de autonomía que han derivado en un fuerte sentimiento secesionista tras el fracaso en el Parlamento del plan Ibarretxe, y la frustrada hoja de ruta de Mas con el referéndum del dret a decidir, y actualmente nos encontramos en un punto muerto sin visos de una solución viable.
Por una parte unos ya no renunciarán al “derecho” a la autodeterminación y otros no se moverán un ápice en lo que suponga contravenir la Carta Magna.

Así las cosas, las elecciones programadas para septiembre pueden determinar mayorías, se celebren en clave soberanista o no, sin olvidar el ascenso de C’s y el descenso de CIU, en cualquier caso habría que considerar, aun en el supuesto de una reforma constitucional que abriese la caja de pandora a un Estado Federal,  que en ningún caso podría plantearse como un federalismo asimétrico con privilegios para vascos y catalanes ya que tal asimetría ya fue rechazada en la construcción del estado autonómico. Hoy con mayor motivo seria innegociable cuando, en este sentido, el estado autonómico está fuertemente consolidado.

Hablar hoy de política no es fácil, sobre todo desde una realidad objetiva y con una visión crítica sincera y racional. Seguramente los comicios catalanes resuelvan algunas cifras, pero habrá que esperar a las legislativas para comprobar si el cambio es tal cambio o todo queda en una regeneración política de los que desde la transición han ostentado el poder.

Lo cierto es que sea cual fuere la fuerza que elegida democráticamente surja de las urnas y que forme el nuevo gobierno del Estado, deberá afrontar reformas legislativas en materia de justicia, estructuras administrativas, ley electoral, sistema fiscal, mercado laboral, transparencia, racionalización del estado de las autonomías y políticas sociales; ardua labor que se me antoja utópica a no ser que pueda configurarse una amplia mayoría con talante de servicio y consciente de asumir hasta la última coma el programa propuesto, y con la responsabilidad que quien recibe la confianza de la mayoría del pueblo. Todo está por ver, pero nuestro voto deberá decidir.

Tarragona, 10 de Junio de 2015   

Luis Álvarez de Vilallonga                        

viernes, 8 de mayo de 2015

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Transcurrido un tiempo prudencial de la masacre producida en la redacción de Charlie Hebdo, cuando los ánimos de repulsa, condena e indignación parecen estabilizados, es hora de que uno se pronuncie sobre los asesinatos del 7 de enero que tanto debate han provocado en la sociedad y medios de comunicación, reviviendo el viejo debate sobre los límites en la libertad de expresión.

En primer lugar hay que manifestar con toda claridad y contundencia la repulsa y condena del atentado yihadista que en ningún caso tiene justificación sea cual sea el contexto en el que quiera adscribirse.

En una sociedad democrática nadie duda que la libertad de expresión es un derecho incuestionable pero sus límites deben ser regulados por ley. Efectivamente si no fuese así cada cual establecería su propio criterio en base a su moral, el buen gusto o educación, así el ateo, el fundamentalista o el amoral podría perfectamente ofender, agraviar o escarnecer la imagen o creencia de cualquier  persona, culto o religión sin mayor trascendencia.

Las caricaturas de Mahoma publicadas en Dinamarca en 2005 son una muestra de libertad de expresión pero al propio tiempo ofenden al mundo musulmán, como también sucedió en publicaciones satíricas sobre el islam en Charllie Hebdo. A partir de aquí la reacción salvaje e irracional de fundamentalistas islámicos se ha hecho sentir trágicamente y esto ha puesto en guardia a todo el orbe civilizado; pero que decir de las graves ofensas y escarnios producidos  sobre símbolos de la religión católica en nuestro país, en la Universidad Complutense y en parodias religiosas que se producen públicamente con desfiles sacrílegos ante la impunidad y permisividad de autoridades y jueces. Afortunadamente en el seno de la Iglesia Católica se sufre con dignidad estos atropellos sin que aparezca el fantasma de atentados criminales contra quienes los provocan.

Condenar la masacre y solidarizarse con las victimas de Charlie Hebdo  y las del supermercado judío es una cosa y otra es aplaudir chistes, viñetas o expresiones de mal gusto sobre el islam,  judíos o cristianos. Ya es lamentable que se haya llegado a esta situación para replantearse el debate sobre la libertad de expresión pero, inevitablemente este golpe del terrorismo islámico sufrido en una sociedad democrática donde estas cuestiones se dirimen pacíficamente en los tribunales, ha activado sentimientos xenófobos y de islamofobia que por otras cuestiones ya estaba latente en el seno de algunos países de la UE.

Uno recuerda la sentencia de muerte a que está sometido el escritor británico nacido en Bombay Salman Rushdie y la intolerancia de los aludidos por “Los Versos satánicos”, pero también en el siglo XVIII, Montesquieu, Voltaire, Rousseau o Diderot, sufrieron los ataques quienes rechazaban las ideas de la Ilustración. Es el eterno debate sobre la tolerancia de quien acepta el discurso ofensivo, la blasfemia o la mofa mientras no se pase a la acción, o el   intolerante con la ofensa, insulto o escarnio desde lo que se ha llamado fundamentalismo del agravio. No existen tesis convincentes en ningún sentido, por ello es necesaria una regulación por ley que marque la línea roja en el discurso sobre la libertad.

La democracia exige libertad de expresión, aun gozando de la mayor amplitud, ésta debe estar exenta de toda incitación a la violencia y en este sentido la afectación u ofensa de una frase,  viñeta o burla a la sensibilidad de cada persona o comunidad que es heterogénea, múltiple y diversa, prescindiendo de todo juicio u opinión personal, debiera estar regulada por Ley.

Decir libremente lo que pensamos sin burlas ni ofensas y sin miedo a represalias políticas o religiosas, es la más pura manifestación de la libre y democrática libertad de expresión. 

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 22 de Abril de 2015






jueves, 7 de mayo de 2015

LOS CAMBIOS DE PODER


No es nada nuevo señalar que la naturaleza produce ciclos que vienen sucediéndose desde que el mundo existe y nuestra vida forma parte de ella, siendo así no resulta aventurado argumentar que tales ciclos son inherentes a la naturaleza humana y por tanto se encuentran presentes, a lo largo de los siglos, en cualquier ámbito o actividad del hombre inserto en estructuras sociales y de poder.
La pregunta que nos planteamos respecto al poder es, si la democracia que  ha sucedido a  poderes, oligárquicos, dictatoriales y absolutistas es en sí misma un último poder en el ciclo hegemónico de los poderes.
El sistema democrático basado en partidos políticos ha venido evidenciando graves defectos que cuestionan su vigencia con su estructura cerrada y piramidal. Las luchas interinas se evidencian cuando se avecinan elecciones, y es que el figurar en las listas y perpetuar la carrara política hay que defenderlo cualquier precio. Hay personajes que toda su vida han vivido de la política, y debe de ser rentable porque sus hijos continúan el mismo camino, (no lo digo con ánimo de crítica porque deben tener una gran vocación y su trabajo es muy arduo, duro, y abnegado y además mal remunerado) evidentemente como todo en la vida no puede generalizarse, siempre hay excepciones.
En nuestra todavía joven democracia, los partidos mayoritarios existentes a nivel nacional y autonómico nos han ofrecido toda guisa de vicios, escándalos, corrupciones y abusos; ahora que ven peligrar su hegemonía se apresuran a lavar su imagen deteriorada por tantos imputado o presuntos defraudadores en sus cuados. Siendo así no es de extrañar que emerjan nuevos partidos unos de corte populista, que sin duda tendrán sus adeptos, y otros ya presentes en el escenario político que no han probado el poder y puedan gozar de un voto de confianza, en cualquier caso, lo cierto es que las nuevas generaciones demandan gente honesta y comprometida que configuren partidos que escapen a los parámetros de los partidos tradicionales, partidos dinámicos, horizontales, innovadores, transparentes, con planes y programas creíbles y realizables.
 
 Pero el poder es una droga que consumida durante demasiado tiempo deteriora, corrompe y embrutece, por ello deberían limitarse los mandatos. Quizá el poder en siglos pasados era difícil cambiarlo, quien lo ostentaba lo utilizaba a su antojo y beneficio. Hoy en democracia es fácil de obtener, complicado de ejercer y sobre todo fácil de perder. No obstante hemos visto como algunos partidos en comunidades autónomas han logrado permanecer en el poder más de dos décadas, indicativo de que el sistema tiene sus lagunas y  los grandes partidos intentan blindar las leyes electorales que en su día eran válidas como punto de partida, pero que hoy no les vendría mal una reforma acorde con los nuevos tiempos.
 
Soy de los que piensan que no existe democracia sin partidos políticos, y para la estabilidad de un país es necesario que existan partidos hegemónicos, sin embargo en el punto que nos encontramos, éstos deben regenerarse, dejar de ser antros de corrupción, abrirse al exterior dando paso a savia nueva con nuevas ideas, dejar de ser oligárquicos, desvincularse de sindicatos y patronales, ponerse al servicio de los ciudadanos e intereses colectivos, concretar cambios políticos e institucionales que sean útiles y eficaces y atender a la comunidad que, no olvidemos, es a la que deben servir.
Sé que pedir todo esto parece una utopía pero confío en que todavía existe gente honesta, cabal y entregada, que en los meandros de sus conciencias no exista laxitud de compromiso que pueda producir un relevo en los grandes partidos, que aclare el oscuro panorama que se nos puede venir encima.
 
Tarragona, 20 de Marzo de 2015
Luis Álvarez de Vilallonga  

miércoles, 6 de mayo de 2015

TARRAGONA: SEMANA SANTA 2015

Un año más la Semana Santa acelera el pulso de la ciudad con un sinfín de actos que van más allá de la Cuaresma y el Triduo Pascual y se prolongan durante todo el tiempo del año litúrgico, si bien la mayoría se centran en estos días santos. La agenda de actos que coordina la Agrupació d'Associacions de Setmana Santa de Tarragona y organizan las hermandades, cofradías y la propia Agrupación, incluye desde mesas redondas, congreso de cofradías, presentación de opúsculos, conciertos, vía crucis, procesiones y oficios, hasta conferencias, sermones, concursos de dibujo, fotografía o narrativa, exposiciones y un largo etcétera.
 
Pero este año solo faltaba que la Semana Santa fuera escenario de precampaña electoral debido a la proximidad de los comicios municipales; supongo que es inevitable que los candidatos de los diversos partidos políticos acudan a la presentación de opúsculos, procesiones y oficios, aprovechando la ocasión que les brinda el escaparate de la Semana Santa.
 
Nuestra Semana Santa ostenta connotaciones e identidad propia, serenidad, respeto, silencio y recogimiento que deben preservarse, y aquí se plantean ciertos debates entre la religiosidad y el posible "foclore", principalmente en los desfiles procesionales.
 
Es conocido el auge de las bandas de tambores que de forma exponencial han ido creciendo año tras año hasta el punto de que cada cofradía o hermandad dispone de una que acompaña a cada misterio o paso, cuyos componentes, en muchos casos, rozan la tierna infancia, no sé si debiera ponerse coto, sobre todo en el número de participantes, y aquí se produce el primer desencuentro entre los que consideran que éste es un aliciente válido para la iniciación de los más jóvenes a la participación, o los que opinan que esas bandas excesivamente numerosas y ruidosas rompen el silencio, se superponen y forman parte de un "foclore" exento de religiosidad.
 
Otra discrepancia se observa entre los partidarios y detractores de los encuentros de misterios o pasos con las repetidas reverencias que algunos tachan de baile; así años atrás en la Plaza del Rey, una vez finalizada la procesión del Santo Entierro, se producía un emotivo encuentro entre la Soledad y el Santo Sepulcro, que puede considerarse foclorista pero que en el fondo estaba lleno de sentido y contenido religioso, actualmente ya no se celebra, solo el Gremi de Pagesos de Sant Llorenç i Sant Isidre efectúa el encuentro entre la Piedad y el Santo Sepulcro en la solemne Processó dels Dolors que precede al Vía Crucis en la iglesia de Sant Llorenç, y que concentra a numerosísimos fieles y publico contemplando impávidos el encuentro de los misterios bajo un silencio sepulcral solo roto por el sonido de las cajas chinas y redoble del tambor que marca las reverencias.
 
 
Esto es solo una muestra de algunas discrepancias entre los que opinan que los actos de la Semana Santa debieran ser eminentemente religiosos y exentos de toda manifestación festiva, o quienes piensan que más allá de la religiosidad, la tradición y la dimensión de este acontecimiento universal (la muerte y resurrección de Jesús)trascienden al hecho religioso.
 
En realidad la Semana Santa es de todos, creyentes o no, solo es exigible respeto y seriedad de cuantos participan en ella o la presencian, es así como se ha ganado la admiración y prestigio de cuantos nos visitan en estos días.
 
Tarragona, 2 de abril de 2015
Luis Álvarez de Vilallonga
 





                  

domingo, 12 de abril de 2015

UCRANIA EN LA ENCRUCIJADA


El derribo del vuelo MH17 y la anexión de Crimea a Rusia a comienzos del pasado año, han provocado una situación preocupante y delicada en una Europa que a corto o medio plazo deberá plantearse, consolidada la unión monetaria, iniciar avances en cuestiones política y fiscal sin los que el proyecto europeo carecería de garantías de futuro.

No cabe duda que Ucrania era un firme candidato para formar parte de la UE aun considerando sus vínculos culturales e históricos con Rusia. Es posible que buena parte de los ucranianos sueñen con Europa; no hay que olvidar que su historia ha sido una continua lucha por lograr su liberación o soberanía. Desde la invasión mongólica, pasando por el pacto de unión del líder cosaco con los zares rusos, las represiones de Catalina II, el sometimiento de los campesinos por el Ejército Rojo, las masacres bolcheviques, o el exterminio y purgas masivas de Stalin tras la Segunda Guerra Mundial, Ucrania ha sido un país convulso y vulnerado.
 

Cuando las tropas rusas violaron la frontera de Ucrania para anexionarse la península de Crimea, nadie reaccionó ante un hecho de extrema gravedad porque las consecuencias no solo afectaban a un país soberano, también a Europa. Putin con la usurpación de Crimea ha agredido la legitimidad de un Estado al tiempo que lanzaba un implícito desafío a Europa, argumentando cínicamente que su ejército salvaguardaba a los ciudadanos de origen ruso.

Una vez más se imponía la razón de las armas mientras Europa permanecía vacilante, expectante e indolente, incapaz de tomar una iniciativa, mientras los independentistas pro rusos provocaban un simulacro de elecciones orquestadas bajo el control de las tropas de ocupación. Putin ha iniciado una guerra encubierta que ha reactivado un nacionalismo ucraniano en una sociedad donde el 50% tiene el ruso como lengua materna aunque el otro 50% también lo domina. La situación de la ciudadanía ucraniana es compleja y difícil; por una parte anhelan la libertad que se respira en los países de la UE y, por otra, pro rusos abogan por una autodeterminación secesionistas dentro de la propia Ucrania.

Así las cosas y ante el incierto alto el fuego alcanzado en Minsk, es más que probable que las facciones con cientos de bajas en sus filas, y sobre todo las muertes en la población civil, no acepten cualquier acuerdo porque los allegados a las víctimas, seguramente no perdonen la grave agresión militar con miles de muertos. La diplomacia debe jugar un papel incuestionable pero la UE necesita el apoyo de Estados Unidos para mediar en un conflicto en el que Rusia es quien ha violado militarmente las fronteras de Ucrania, pero también es necesaria una fuerza militar disuasoria en contraposición a la exhibición soviética. Putin sabe que Europa sola no intervendrá militarmente, pero las sanciones pueden debilitar sus pretensiones, sin embargo solo una unión solidaria de Europa puede mermar la dependencia de suministros energéticos de Rusia.

En esta crisis de ucraniana se juegan intereses y soberanías que pueden decidir el futuro de la UE. Lo que está en juego es el poder de los Estados, de los bloques que han ido perdiendo su hegemonía y del nuevo orden mundial que se avecina. Las ideas sobre política y sociedad hace tiempo que escaparon del encorsetamiento decimonónico, hoy ideas sublimes podrían tener  cabida aunque no alcancen valor efectivo y los pueblos obligados por la irreversible globalización tecnológica buscan el abrigo, al margen de sus ancestros, en valores universales (vida, amor, paz, libertad, justicia)    que no entienden de razas, ni credos.
El espectáculo moral repugnante que ofrecen ciertos gobernantes en este y muchos otros affaires, provocando consciente e impunemente la muerte de miles de civiles en el ejercicio de un poder hegemónico despiadado e irracional, nos cuestiona nuevamente si continua vigente  el humanismo liberal del siglo XIX de los Chesterton o Victor Hugo.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 15 de febrero de 2015             




MAS NUEVE MESES MÁS


Efectivamente, después de un sinfín de especulaciones, muchos catalanes hemos sentido alivio después del anunciado final anticipado de una legislatura autonómica que se hacía ingobernable sin el imprescindible apoyo de ERC en un parlamento, que se preveía paralizado e inoperante.
Mas; un político que arrincono el seny català a cambio de un pretendido mesiánico independentismo, tan edénico como irreal, una utopía arrastrada por interpretaciones históricas interesadas,  sesgadas y arbitrarias. Un personaje que se ha hecho notable a fuerza de lanzar órdagos, retos y desafíos al Estado (del cual forma parte), de ignorar al Tribunal Constitucional, discriminando a la Cataluña que no comulga con sus postulados y fracturando una sociedad que convivía en armonía. Un político que se echó, contra natura, en brazos de un socio que lo embauco, haciéndole transitar por arenas movedizas y senderos engañosos e inútiles, pero esquivando cualquier responsabilidad política, para finalmente forzar unas elecciones anticipadas cuya rentabilidad fuera productiva para Junqueras y contraproducente para Mas.

Es evidente que ante la prohibición de la consulta y el pulso pretendido con la osada desobediencia, Mas esperaba una reacción de fuerza policial por parte del gobierno, que inteligentemente no se produjo (pudiendo legalmente haberlo hecho) y así el Estado actuó aplicando los mecanismos legales a quien incumple las decisiones de los altos tribunales.

Pero el sueño de la independencia para Cataluña, entre otras connotaciones, también pretendería encubrir acciones y actuaciones cuestionables, parece que enterraría una serie de asuntos pendientes, cuanto menos incómodos de inciertos resultados en el ámbito  político, judicial, público y privado, y las prisas, la improvisación, el deseo más que la realidad de acelerar un complejo proceso soberanista, condujo a promover proclamas secesionistas, manifestaciones multitudinarias, cadenas humanas y uves llenas de senyeras y esteladas; todo para autoconvencerse erróneamente de que la mayoría del pueblo catalán respondería mayoritariamente.

Cuando se quiere abordar una empresa de tal calado y magnitud, primero debe conocerse con  rigor el apoyo con que se cuenta, y es evidente que si nos atenemos a la pseudo consulta efectuada, los números no cuadran con la euforia y autocomplacencia independentista. En efecto  dos tercios de los catalanes no votaron, y así se me antoja imposible alcanzar ningún objetivo, los que depositaron su voto no sobrepasaron los 2.300.000 contabilizando los menores de 16 años, y de éstos solo un 20% marcó las dos casillas del sí.


Para ser realista uno piensa que la verdadera oposición a la independencia de Cataluña, se encuentra en el propio principado y que el problema se  ha querido emponzoñar lanzando soflamas desde el seno del gobierno autonómico contra el gobierno central. Con todo el sueño de edén independentista continua vigente en muchos ciudadanos, es así que Cataluña necesita de una alternativa que resuelva el problema por la vía de la negociación con Madrid; pero ahora corren tiempos distintos y no es lo mismo negociar en la abundancia que a cuestas con una demoledora crisis, y los apoyos en la cámara para otorgar la gobernabilidad a los partidos hegemónicos parece que tienen fecha de caducidad a tenor del próximo arco parlamentario que anuncian las encuestas, pero de aquí a entonces todavía habrá mucho que hablar. Primero habrá que considerar los resultados de las autonómicas en Andalucía y valorar los comicios municipales y observar en Cataluña si la oposición a la independencia se manifiesta masivamente en unas elecciones autonómicas postuladas por muchos en clave secesionista.

Luis Álvarez de Vilallonga     
Tarragona, 6 de febrero de 2015