jueves, 18 de febrero de 2016

LA INDIGNIDAD DEL HAMBRE

 
El fenómeno de las hambrunas es tan antiguo como el hombre; ya la Sagrada Biblia en el segundo libro del Pentateuco nos relata las plagas sufridas por israelitas y egipcios. Hoy en el siglo XXI continúa el oprobio de una situación que el hombre no ha sido capaz de resolver por mor de la desigualdad entre los siete mil millones de habitantes que pueblan el planeta, de los que tres mil millones viven en la pobreza o en su umbral.

Se trata pues de afrontar dos cuestiones, una la producción de alimentos y otra su distribución, añadiendo el alarmante crecimiento de la población mundial. Hoy por hoy, especialistas como Cormac ó Grada, o Günther Bauer alertan de que la situación empieza a ser alarmante; solo en el mundo occidental, considerando los países desarrollados, el precio de los alimentos genera un problema para muchas familias que viven en una considerable precariedad de medios económicos y se ven incapacitadas para adquirir siquiera alimentos básicos; solo hace falta observar a las personas que acuden semanalmente a las Cáritas parroquiales en busca de suministros, y nos referimos a familias normales con hijos, que han perdido el empleo y el subsidio de paro no alcanza sus necesidades; si a esto añadimos un goteo constante de inmigrantes, transeúntes y desheredados de la vida, nos situamos ante un panorama desolador.

Por el contrario uno ve con indignación la pérdida de infinidad de alimentos que terminan en vertederos por exceso de oferta en la sociedad de consumo, y el despilfarro de aquellos que hacen acopio estando saciados y no valoran el despendio moral que supone dejar comida “en el plato”.
Por otra parte, las remesas de productos alimentarios que vergonzosamente son desechados por fecha de caducidad nos indignan, y que bien gestionados podrían haber solucionado el sustento de muchas familias. Es el inmisericorde rodillo de la burocracia que entorpece, cuando no imposibilita, de forma irracional, que la ayuda llegue de forma inmediata a los que verdaderamente la necesitan.

El mundo rico hace previsiones y valora las consecuencias, a nivel global, que puedan derivarse de la falta de alimentos para los más desfavorecidos que forman parte de la sociedad de los países desarrollados; sin embargo, el verdadero drama se vive en los países del tercer mundo en desarrollo, donde las guerras, las dictaduras y las persecuciones étnicas, políticas y religiosas producen migraciones masivas hacia una Europa que se ve incapaz de absorber, y que preocupan por lo que puedan afectar a la población incardinada de cada Estado de la UE que no contaba con un fenómeno migratorio a tan gran escala.
Por otra parte, si la población mundial sigue aumentando, es posible que en 25 o 30 años nos situemos en nueve mil millones de habitantes, lo que necesariamente deberá provocar un cambio sustancial en la producción de alimentos, condicionado por las alteraciones climáticas que afectaran de forma incuestionable a las cosechas agrícolas, y en ese sentido el cambio climático acrecentaría el desplazamiento masivo de gente procedente de regiones donde la sequía imposibilitaría  producir alimentos básicos suficientes; sin embargo hay quien apuesta por soluciones tecnológicas para una nueva era de producción alimentaria.
Hoy, casi ya no nos conmueve, a costa de ver día tras día imágenes de precarias embarcaciones que consiguen alcanzar la isla de Lampedusa o las costas de Sicilia dejando decenas de cadáveres en un Mediterráneo convertido en cementerio de hombres, mujeres y niños que, presas de las mafias arriesgan sus vidas para sobrevivir.

Son los miles de inmigrantes procedentes del África subsahariana, Siria, Libia y otros lugares que huyen de la miseria y del estado Islámico.
Pero la catástrofe humanitaria producida por el hambre y la imposibilidad de acceder a una vida digna podría producirse en el hemisferio sur del planeta, donde la falta de recursos y el crecimiento demográfico jugarían un papel mortal. El reto de los países desarrollados es hallar la fórmula viable y sostenible para librar al mundo de la pobreza extrema y el hambre.
Estoy seguro que podría llegarse a un consenso, a una solución técnica en cuanto al sustento del género humano a través de la evolución científica y sintética alimentaria, que probablemente no tardará en llegar; pero la verdadera la espada de Damocles se encuentra en los principios morales e ideológicos de los políticos que aboguen por el derecho de todos los seres humanos al acceso a los alimentos y en consecuencia apuesten por políticas de consenso moral por encima de postulados ideológicos,  del lucro de mercados, y del control industrial y competente sobre materias primas.
 Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 13 de Febrero de 2016    


LOS NUEVOS CHAMANES

Hablar de política en tiempos complejos, difíciles o complicados entiendo que es, para los que escribimos, una imposición moral que cada cual decide a la hora de posicionarse públicamente, aunque ello en democracia no suponga ningún mérito.
No cabe duda que los períodos de crisis son terreno abonado para la floración de personajes populistas de fácil retórica maniquea y reduccionista, salvadores de las desigualdades sociales, que prometen erradicar la pobreza y ofreciendo un cambio idílico en el que el Estado se hará cargo de todas las carencias de los ciudadanos donde no habrá pobres ni ricos; pero más allá  de su impureza ideológica o la dejación de sus principios, estos nuevos chamanes cubren y gravitan sobre un amplio espectro social frustrado, desde posiciones socialistas pasando por el centro, la derecha hasta un liberalismo ataviado. Es su momento y han florecido en los nuevos partidos pero también en algún otro tradicional ha emergido el salvador de todos los males de la derecha, mostrando una semántica gratuita y un nuevo significado del término progresista.

En su ABC populista inciden machaconamente en el cambio social, en una nueva forma de hacer política, cierto euroescepticismo, pero no delimitan los fines de los medios y cargan tintas sobre la corrupción como si su origen político fuera impoluto.
Vivimos un período en el que la política se ha vuelto extremadamente ideológica y no se reconocen los avances conseguidos tras la dictadura. Se pone en cuestión los beneficios de la transición y hasta algunos señalan que el paso de dictadura a democracia no existe sin ruptura, y en ese sentido aunque el argumento pueda tener cierta base científica, en el caso de nuestra transición es la excepción que confirma la regla, de ahí lo extraordinario del proceso y el reconocimiento unánime internacional.

Pero donde más se concreta y personaliza el líder populista es en el contexto nacionalista. En efecto, el sentir identitario proviene de un origen trivial que lo identifica y, salvando las distancias, todo lo que esté fuera de la tribu es nocivo para   ella;  en el fondo todo catalán que no esté involucrado en el proces soberanista, cuanto menos molesta y aunque sean mayoría no se tienen en cuenta.
 El iluminado ex President estaba ya consumido, humillado, moralmente deslegitimado, y hasta denostado por buena parte de la sociedad catalana,  pero nos sorprendió con su último golpe de mano nombrando a un nuevo presidente catalán, un nuevo chaman que cumple a la perfección el encargo de su antecesor. Su discurso de nombramiento a presidente del Parlament,  no tiene desperdicio y cumple con todos los requisitos de lo que debe ser el ejemplo de buen chaman. Con todo debo reconocer que, si no se demuestra lo contrario, hoy por hoy es mi nuevo President y como tal debo acatarlo en tanto no se pronuncien las instancias superiores del Estado.

Hemos visto, más que oído, la constitución de las nuevas Cortes Generales, en una sesión que fue un espectáculo variopinto, cuando no esperpéntico, protagonizado por la nueva savia de “señorías” que se estrenaron en el hemiciclo, pero la democracia tiene cosas que gusten o no deben aceptarse, y si la educación, las formas, o el decoro deben dejarse a un lado porque así lo demandan los nuevos representantes elegidos, habrá que resignarse pero no evitará, sin ánimo de ofender, que uno tenga la impresión de que la sesión de la que hablamos fue una feria  vivida en el congreso.       

Finalmente todos los políticos debieran tener claro que la UE es algo determinante en las políticas de los países miembros y aunque los retos que se avecinan para su fortalecimiento y consolidación pasan por la unión fiscal que tarde o temprano debe llegar. Alemania y Francia tienen mucho que decir al respecto y llegar a acuerdos que afectarán a su soberanía y  a la todos los países miembros que en mayor o menor medida deberán ceder parte de la suya. Ante este reto España debe solventar cuanto antes su gobernabilidad y no dejar resquicios que puedan quebrar su unidad.

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 14 de enero de 2016


ADA COLAU Y SU SOLSTICIO DE INVIERNO


Cuando apareció la noticia en los medios de comunicación sobre el decreto de la ex activista Ada Colau (hoy convertida nada menos que en Alcaldesa de Barcelona), que sustituía la festividad de Navidad por el Solsticio de invierno, no nos sorprendió en absoluto, conociendo su trayectoria y pasado insurgente.

Las personas se definen por si mismas a tenor de sus hechos y declaraciones, y Ada Colau nos demuestra una vez más su talante demagógico y populista junto a una evidente animadversión hacia todo cuanto simbolice o conmemore connotaciones religiosas de índole cristiana con tal de alimentar el más puro laicismo radical de la izquierda.

La falta de sensibilidad de Colau es evidente. Las fiesta de Navidad, más allá del hecho religioso, trasciende la liturgia cristiana y conserva en la mayoría de la ciudadanía una tradición que invita a la concordia, al amor, a la reconciliación y a un sentimiento fraterno y solidario hacia las familias más deprimidas, especialmente con los niños que a través de las distintas campañas ven satisfacer en lo posible su ilusión en la fiesta de la Epifanía (los Reyes magos).

Uno se pregunta ¿Qué mal se hace con dejar celebrar la Navidad como se ha hecho toda la vida desde que uno tenía uso de razón? Nuestra sociedad tiene arraigado este sentimiento navideño, e independientemente que se cumplan los ritos católicos, es tradicional, en la mayoría de los hogares, la presencia del pesebre, construido con ilusión por abuelos padres y nietos que estos días recorren los típicos mercadillos navideños en busca de nuevas figuras y en nuestra tierra la del célebre cagané , (hoy representado por celebres deportistas, artistas o políticos).

La obsesión de la Colau por convertir toda festividad en fiesta pagana lo viene demostrando desde que cuestionase el mantenimiento de la capilla existente en el interior de las dependencias municipales, la negativa a la celebración de una misa en sufragio de las víctimas de la Guerra Civil en el castillo de Montjuic o  la exclusión de los actos oficiales en la Basílica de la Merced con motivo de la festividad de Santa Eulália, patrona de Barcelona. Siendo así ya no nos extrañaría que las  próximas fiestas de la Mercè, fueran sustituidas por un Equinoccio de otoño. Afortunadamente nuestro Edil tiene la sensatez, cordura y seriedad para afrontar con ecuanimidad y sentido común estas cuestiones que, en nuestro consistorio, ni siquiera se plantean, porque no nos imaginamos ni en sueños un Equinoccio de otoño superpuesto a las fiestas de Santa Tecla.

Pero  la sustitución de la Navidad por  del Solsticio de invierno es algo ilógico e inadmisible  impuesto por un equipo de gobierno que trivializa la conciencia, banalizando el sentido de la vida a través de un ateísmo nihilista, donde el  relativismo moral pretende justificarlo todo,  erradicando virtudes que emanan de la propia Natividad y que la sociedad identifica como como valores universales: la paz, el amor, el sentido de la belleza o la felicidad.

 ¡No Sra. Colau! La Navidad impregna la esencia de nuestras costumbres, y sin entrar en contradicción ni oposición a que cada religión celebre su festividad cuando le toque, España y concretamente Cataluña conserva tradiciones y costumbres profundamente arraigadas en la sociedad; creyentes, agnósticos y no practicantes, respetan la Navidad, sus símbolos y sus alegorías, cada cual la vive a su manera pero acepta la Navidad como una renovación de los mejores sentimientos del hombre en una realidad humanitaria y universal.

A mi edad uno ya va asumiendo la ausencia de aquellos iluminados símbolos navideños que iluminaban calles y plazas: estrellas, pesebres, palmeras, siluetas de reyes magos acompañados por sonoros villancicos que daban auténtico sentido al tiempo navideño. Hoy las luces no faltan en una gran diversidad de formas y contornos, pero intuyo que se pone extremo cuidado en no explicitar imágenes que pudieran tener relación directa con la Navidad, (que en realidad es la celebración de la Natividad de Jesús), no fuera que pudiese herir la sensibilidad de quien no profesa nuestra fe.

A pesar de todo, uno tiene el convencimiento de que el hombre es un ser lleno de valores, con la libertad y rectitud de conciencia necesarios para nutrir de virtudes el fondo de su espíritu. Solo desde el respeto y la buena voluntad pueden conciliarse diferencias que pudieran herir las creencias de cada cual.

Luis Álvarez de Vilallonga

Tarragona 30 de Noviembre de 2015

miércoles, 25 de noviembre de 2015

POPULISMO E INDEPENDENTISMO: ALGO EN COMÚN

Es posible que al abordar un tema tan resbaladizo como el que nos ocupa, pudiera incurrir en equívocos o interpretaciones supuestamente subjetivas pero aún en tal caso uno asume el riesgo, no sin el pleno convencimiento de que el planteamiento tendrá adictos y detractores como todo aquel que puede expresar algo sin tapujos ni condicionantes, atendiendo al imperativo de su conciencia al que no se quiere ni debe sustraerse.

Un escrupuloso análisis de los dos términos aplicados al tiempo en que nos movemos y, naturalmente concediendo el protagonismo a los gobernantes del pueblo catalán, uno no puede ocultar, desde la triste desazón, las conclusiones que el título de este artículo anuncia.
El populismo arrincona y abandona el orden legal, el independentismo, bien a través de la invocación de unos derechos superpuestos a los legales y constitucionales o argumentando el manido hecho diferencial, descalifica lo legal y se aferra un derecho a decidir unilateral sacado de la chistera de su jurisprudencia para finalmente ignorar el orden legal.
Para que se produzcan estos escenarios es necesario un Líder con cierto carisma y buena verborrea que conduzca el proceso con  habilidad y que su palabra se transforme en la palabra del pueblo. Su discurso reparte riqueza por doquier, promete estructuras de nuevo estado donde todos vivirán mejor,  pero también fomenta la animadversión hacia los que no apoyen su proyecto o proceso y se vale de todos los medios propagandísticos a su alcance para aleccionar al pueblo. Transmite la falsa ilusión de una mejor subsistencia y en el caso de Cataluña una nostálgica reivindicación histórica que nos remonta a los primeros Reyes de Aragón y condes de Barcelona como Ramón Berenguer IV, Alfonso II el casto o Pedro II el católico, y más aún Wifredo el Velloso (el mítico fundador de Cataluña) que reunió bajo su gobierno los condados de Barcelona, Gerona, Osona, Besalú, Cerdenya i Urgell, siendo el último conde nombrado por un Rey franco. A su muerte estos condados no adquirieron una entidad unitaria ni  independiente, sus hijos se repartieron los títulos y continuaron rindiendo vasallaje al rey franco.
Pero volviendo a nuestros días, nadie puede negar que desde ese intento independentista, orquestado desde el poder, se intenta adoctrinar, domesticar, dominar sutilmente al pueblo concibiendo una particularísima democracia que se arrogan y legitiman en la voluntad popular a la que previamente ha subordinado, al tiempo que niegan la constitucionalmente establecida; de ahí la obsesión de promulgar nuevas leyes que les otorguen mayores cotas de poder.
El populismo es camaleónico y es capaz de acomodarse a cualquier ideología. El independentismo, por lo menos en Cataluña, nos ha demostrado que la ideología es lo de menos, aglutinando en una sola candidatura un batiburrillo de ideologías contrapuestas y contra natura con tal de conseguir una mayoría que permita alcanzar el objetivo previsto.
Desgraciadamente, oyendo y repasando el discurso de Mas en la fallida investidura, hemos sido testigos de la engañosa ilusión de conseguir un estado independiente casi idílico, adulterando la verdad, y culpando al Estado central de los males del Estado autonómico con cifras alucinantes, pero hoy ya no engaña a al  que quiere, solo al que puede, y cada vez menos después aparecer la publicación de Josep Borrell y Joan Llorach “Las cuentas y los cuentos de la independencia” donde de forma contrastada y rigurosa se desmonta la aritmética de la Generalit y  se pone en evidencia frases populistas como “España nos roba”. Todo el castillo de naipes construido desde el poder autonómico se ha venido abajo tras las pasadas elecciones.

No nos detendremos más en constatar más paralelismos, obviando adrede el de la corrupción, que llenaría más de un folio, pero en todo caso la situación actual que vive Cataluña habla por sí misma: una sociedad fracturada, coaliciones políticas desmembradas, partidos sin serios objetivos políticos, una parlamento (con perdón) de feria, un patético intento de investidura y un desgobierno sin precedentes. Pero seamos positivos, de peores situaciones hemos emergido, solo hace falta aplicar el seny català que buena parte de políticos de tres al cuarto, que hoy  medran en nuestra cámara, han perdido o nunca poseyeron.
Ante este panorama es evidente que Cataluña necesita un cambio substancial, pero a estas alturas y a las puertas de unas legislativas, con la jerga de candidaturas previstas y con el espectáculo de una campaña electoral asegurado, uno ya no sabe a qué carta jugar; quizá habrá que emular la solución de aquel viejo chiste “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”  
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 26 de Noviembre de 2015


 


CATALUÑA ENTRE LA FRACTURA Y EL PIÉLAGO

Parece que un virus de la sinrazón ha contaminado a la presidenta y ciertos sectores del Parlamento catalán. Presumir de una fuerza que no se tiene y arrogarse la decisión del pueblo catalán en el sentido secesionista, que en ningún caso se ha producido, es una falacia de los partidos independentistas Junts pel Sí habiendo quedado palpablemente demostrado en las pasadas elecciones autonómicas que la propuesta del voto secesionista no alcanzó el 50%.
La megalomanía de  autoalimentar la supremacía de Cataluña sobre el resto de España es una percepción que en el siglo XXI y finales del XIX quizá tuviera cierta justificación, pero en los años en que vivimos no tiene ningún sentido y menos visos de realidad; junto con el manido fet diferencial ha provocado un desprecio zafio por el resto de comunidades, exceptuando el País Vasco por razones obvias.
Aunque uno no vivió los infaustos hechos de octubre del 34 y julio del 36, la experiencia de 72 años de vida repartida entre Madrid y Cataluña, podemos constatar que el nacionalismo catalán, a partir de los primeros años de la transición, se produjo a través de un adoctrinamiento encubierto a través de la ley de la inmersión lingüística que en su día nos pareció útil, reconociéndola necesaria, si no fuera porque iba más allá del mero aprendizaje y conocimiento de nuestra propia lengua. Desde las instituciones e instrumentos mediáticos públicos como TV3 y privados subvencionados, nunca se dejó de invocar la “intrínseca” modernidad catalana, la autosuficiencia, el victimismo y el desequilibrio económico provocado por Madrid. Ya desde los gobiernos de Jordi Pujol, pasando por Maragall con su nuevo Estatut (que nadie reclamaba), el tripartito de Montilla hasta Artur Mas (Junqueras), el proceso de nacionalización de la sociedad catalana ha sido constante con un goteo de gestos, símbolos y un nuevo lenguaje postizo y distinto al que practicamos toda la vida.
Pero esa fractura de la sociedad catalana no se entendería sin dos premisas muy bien articuladas desde los distintos gobiernos de la Generalitat. Uno el programa de las escuelas y centros educativos cuyas consecuencias hoy se hacen notar cuanto menos en una generación perdida que solo han tenido la posibilidad de acceder académicamente a la historia oficial de Cataluña sin contrastar otras versiones tan objetivas o subjetivas, tan ciertas o partidistas como las oficialistas, unido a ello el entorno social y mediático, es comprensible la fractura generacional en el seno de las propias familias; y segundo el hábil clientelismo instaurado por CIU (Jordi Pujol entre 1980 y 2003, Artur Mas entre 2010 y 2015) sin olvidar al nefasto tripartito. Todo ello unido a la crisis y a  la escandalosa corrupción del PP antes de conocerse la trama del “honorable”.
Por otra parte la utilización partidista del prestigio de catalanes universales para su causa, es una manipulación ostensible. Un ejemplo es la del insigne violonchelista Pau Casals que si levantase la cabeza seguramente se avergonzaría de aquellos que ahora enarbolan la bandera del independentismo. En 1971 recibió la medalla de la Paz de manos de U-Thant , secretario general de Naciones Unidas, y en aquel discurso que pronunció a los 95 años señalamos frases como “Cataluña es la nación más grande del mundo”, “tuvo un parlamento mucho antes que Inglaterra”, “sentó las primeras bases para las Naciones Unidas”, pero al margen de estas declaraciones Casals fue un genio universal, compositor y director que hablaba con el violonchelo y su universalidad la debe principalmente por su virtuosismo con el instrumento,  pero intenta ocultarse que junto con su gran catalanismo, con el que nos identificamos y que ahora es denostado por los independentistas, siempre afirmó su españolidad “soy catalanista pero jamás he sido separatista”, ligado a la monarquía través de su amistad con la reina María Cristina, en plena república lo hicieron hijo adoptivo de Madrid.   
Así las cosas hoy nos encontramos ante un probable final de un “proceso” con el fracaso del simulacro de referéndum del 9-N de 2014 -con una participación inferior al 40%, la ruptura de la coalición CiU tras las recientes elecciones municipales y autonómicas, la irrupción de un populismo que Mas necesita para formar gobierno, pero vista la propuesta unilateral de secesión y república catalana anunciada por la señora Forcadell, intuyo que el final está cerca aunque antes haya que resolver trámites jurídicos, legales y constitucionales. Solo nos queda investir a un nuevo President o proclamar un nuevo “mártir catalán” pero dudo si los Junqueras, Forcadell, Romeva, Rull o Franco estarán en ello, en todo caso el choque de intereses contrapuestos entre formaciones políticas tan opuestas hace difícil un consenso.
Uno hoy no es capaz de imaginar siquiera nuevos puentes de entendimiento, pero pasado el 20 de diciembre no cabe duda que los nuevos responsables de gobernar que salgan de las urnas, deberán forzosamente hallar fórmulas de entendimiento que sin apartarse de la legalidad democráticas satisfaga a las partes, empresa que se nos antoja harto difícil.
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 30 de Octubre de 2015







 

domingo, 1 de noviembre de 2015

AUTONOMÍA, FEDERALISMO Y NACIONALISMO

Superados ya 40 años de transición democrática, cualquier persona con una elemental  capacidad de análisis es consciente de que nuestro Estado  tiene una peculiaridad política  singular y determinante, que en nuestro territorio cohabitan sensibles y marcados nacionalismos interiores.

La crisis económica destapó, no pocas carencias y abusos en el estado de las autonomías al tiempo que el estado central, incapaz de afrontar reformas de fondo en temas capitales como la justicia, la educación, el modelo territorial, la corrupción o el sistema fiscal, nos ha conducido a una situación donde las nuevas generaciones han constatado los vicios y defectos  de un sistema incapaz de regenerarse y  ante la flagrante desigualdad social, el paro juvenil y la precaria situación laboral, provocando el desencanto y la desafección política hacia los partidos tradicionales los ha ido conduciendo a opciones de nuevos partidos con dudosas garantías de mejora a tenor de lo visto hasta la fecha.
En el punto que nos encontramos ya no cabe hablar de federalismos y nacionalismos si no es desde la óptica de una reforma constitucional, que sin denostar las aspiraciones de unos y otros, racionalice, actualice y solidarice las autonomías, y en ese sentido  las leyes no pueden ser vulneradas por quien siendo parte del Estado lo representa en su  comunidad. En cualquier caso, hoy en democracia, cualquier supuesto en una nueva modalidad de Estado, forma de gobierno o sistema político, se haría imprescindible una reforma estructural como la despolitización de la justicia, unificar competencias y sobre todo suprimir el reparto de las cuotas politizada por los partidos y normalizar el nombramiento de vocales del Consejo General del Poder Judicial

La educación, en términos académicos, es otro lastre endémico que arrastramos desde la transición con un pésimo posicionamiento en las listas de PISA (Programme for international studenta assessment) o PIAAC (Programa Internacional para la Evaluación de la Competencia de los Adultos); el evidente fracaso escolar impone una revisión del sistema y homogeneizar las materias troncales en todas las comunidades autónomas. No menos preocupante es el mercado laboral o el sistema fiscal, pero el caballo de batalla se centra en la lengua común y su oficialidad en todo el territorio, sin menoscabo de las otras lenguas reconocidas por la Constitución y los Estatutos de Autonomía.


La enseñanza de la lengua común, es decir el castellano, debe ser un derecho reconocido en toda el área docente junto a las otras lenguas propias de algunas comunidades, y ese derecho no puede ser vulnerado incumpliendo las leyes establecidas, en ese sentido cualquier modalidad de Estado, forma de gobierno o sistema político debiera asumirlo como requisito indispensable para la formación académica.     

El órdago lanzado por  Mas al Estado de la Nación, en una carrera febril e irracional hacia adelante, contempla la utopía nostálgica de la aventura independentista que intentaron,  entre otros Pau Claris, logrando el período más largo de pseudoindependencia tras  someterse al rey francés Luis XIII, episodio que duro 12 años.

Es evidente y notoria la capacidad, emprendimiento y seny del pueblo catalán frente a situaciones complejas; solo mentes abyectas y cerradas en el ámbito político han propiciado la fractura de la sociedad catalana, iniciando de forma perversa una querella de la lengua, utilizándola como frontera y como herramienta coercitiva asociada al poder, obviando que el bilingüismo es un hecho en nuestra sociedad en la que cohabitan las dos lenguas sin traumas ni discriminaciones en la ciudadanía avanzada del siglo XXI, quizá aspirando a la libertad de elegir en cual educar a los hijos valorando, con cual se puede ganar más dinero, con cual tener mayor reconocimiento social o simplemente apelando al derecho de elección; sin embargo lo inteligente y pragmático aconsejaría dominar  ambas lenguas y utilizar cada una en el tiempo, lugar, ámbito, circunstancia, y participación  adecuada.
Intuyo que en esta campaña electoral al Parlamento catalán, orquestada de forma plebiscitaria, oiremos declaraciones dogmáticas, absolutistas e irresponsables que crispen el debate político  para caer en una dinámica de ofensas, descalificaciones y ataques personales, en una frenética e inútil carrera por arañar votos; una procaz forma de confundir a las masas, presa de fácil manipulación para el voto dirigido, porque cuando no existe capacidad de análisis y la práctica de pensar por uno mismo es nula, se pierde el sentido de la democracia concebida para pueblos maduros, educados y con el pensamiento libre, donde las decisiones se fundamentan en la razón.
Confiemos que sea cual sea el resultado prevalezcan los cauces legales y las reglas del juego san respetadas en el “supuesto” estado de derecho.     

Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 12 de septiembre de 2015


jueves, 13 de agosto de 2015

A VUELTAS CON LA MEMORIA HISTORICA

 Parece que no hay forma de finiquitar la dichosa ley de memoria histórica que de forma tan irresponsable y nefasta soliviantó el presidente Rodríguez Zapatero. El resultado fue reiniciar una nueva confrontación de las dos Españas que la transición democrática había conciliado de forma ejemplar. Ahora la alcaldesa Ada Colau ha nombrado a Xavier Domenech comisionado para la memoria histórica, como si no hubiese temas más prioritarios e importantes que tratar.
 
La memoria histórica casi nunca suele ser objetiva, incluso la relatada en primera persona; la contraposición de las memorias personales e individuales configuran la historia de forma porcentual en la objetividad de cada individuo, sólo la memoria histórica adquiere rigor y objetividad cuando la coincidencia porcentual en el relato histórico alcanza una mayoría abrumadora; es el caso de holocaustos, exterminios o crímenes contra la humanidad. Pero la memoria histórica es muy proclive a revestirse de ciertas cuotas relativismo cuando no de dogmatismo en aras de ciertos intereses o resentimientos preconcebidos.   
La memoria histórica puede ser buena o mala. El individuo forja su  identidad en un contexto de vivencias, experiencias individuales y colectivas y en el conocimientos del pasado  a través de la historia; historia cuyas fuentes pueden ser y son diversas y dispares, de ahí la reserva y prudencia a la hora de aceptar como única y verdadera una determinada visión de la memoria histórica. El pasado es algo que no debe borrarse, queda escrito en sus diversas versiones, pero nunca debe ser una obsesión, antes bien una lección positiva de la que cada uno debe extraer su propia valoración. El Tratado de Versalles fue una enfermiza obsesión para Hitler y no perdía ocasión para recordárselo al pueblo nutriendo así su espíritu de venganza.

Las educaciones nacionalistas son un ejemplo de la memoria negativa. Coincido con la célebre frase de George Santayana  “Los pueblos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo” sin embargo ello no constituye ninguna garantía. Europa es triste ejemplo de reincidencia a pesar de conocer sus delirios, descarríos, y vergüenzas históricas que provocaron contiendas inhumanas e irracionales.
Hay memorias que crean leyendas para salvaguardar las carencias, miserias, o intereses de gobernantes, siendo rescatadas de forma adoctrinada y sin visos de realidad. Suele suceder que la memoria histórica se utiliza como arma vengativa  con una  visión  desenfocada en el tiempo y más próxima a la ucronía que a la realidad de los hechos; el rencor favorece todo tipo de interpretaciones, es bueno conocer la historia pero la dependencia de su memoria siempre condicionara nuestro presente.
A veces es necesario renunciar a la batalla política para adoptar posturas conciliadoras ante confrontaciones que pueden desembocar en enfrentamientos dolorosos. Las educaciones adoctrinadas son un ejemplo de la memoria negativa, en muchos casos se manipula porque está construida  desde la eliminación del pasado, del olvido o la creación y reconstrucción de una memoria impuesta e interesada.
La memoria histórica tiende a defender nuestro propio pueblo, nuestras ideas, nuestra colectividad y en todo conflicto hay leyendas negras y gloriosas, víctimas y vencedores y paradójicamente en nuestro país tras cuarenta años de democracia en la que se recompuso  una memoria convulsa y se alcanzó un consenso en el reconocimiento y la conciliación de las partes, ahora parece que la visión de los acontecimientos pasados, inducidos por una óptica ideológica, persigue romper la concordia alcanzada en democracia tras la tragedia de nuestra cruenta guerra civil.
 
Las nuevas generaciones harían bien en enterrar las causas políticas y luchar para no perder las libertades ganadas durante la transición, evitando que el poder caiga en manos de quienes de forma hipócrita y engañosa pretenden un bien común basado en la anulación del gran potencial de la sociedad civil para manipular desde el aparato del estado toda actividad política, social y económica; una utopía ya sufrida con nefastas consecuencias.
Finalmente la memoria histórica nos recuerda grandes hechos en los que la humanidad ha ido progresando constantemente a pesar de las guerras, dictaduras y holocaustos, pero solo el progreso moral nos puede aproximar a un escenario propicio para el diálogo, el consenso y la cancelación de odios, rencores y viejos resentimientos del pasado.

Luis Alvarez de Vilallonga
Tarragona, 31 de Julio de 2015