TOROS, CORREBOUS Y OTRAS TROPELIAS
El Parlament, decidió abolir las corridas de toros por 68 votos a favor, 55 en contra y 9 abstenciones. Son hechos consumados dentro de la legalidad y por tanto aunque no nos guste esta ley y discrepemos de su contenido, debemos acatarla al haberse gestado dentro del orden y normativa legal parlamentaria. Muy al contrario sucede con aquellas personas que representando a Instituciones públicas no mostraron ningún pudor en instar al desacato a la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatuto Catalán, revelando así su menosprecio a la Norma Constitucional y al pronunciamiento del tribunal competente, todo porque el fallo no se ajusta a sus conveniencias. Esta actitud es más propia de personajes de “república bananera” que de un estado de derecho.
Hoy nos ocupa la valoración política, pero no queremos pasar por alto la complejidad de un tema tan controvertido, y así cabe poner sobre la mesa ciertas premisas que desde una perspectiva antropológica uno planteaba en el ensayo “Los toros y la moral” presentado en octubre de 1999 y en el que, entre algunas consideraciones, argumentaba “En principio el enfrentamiento de un animal frente a una persona constituye un reto de fuerza aunque luego lo transforme en un arte. Se ha querido llevar la fiesta al terreno moral y siguiendo las pisadas de los puristas convenimos con Menéndez y Pelayo en que el toreo es “el menos bárbaro y el más artístico de todos los espectáculos cruentos dentro y fuera de España”.
Uno puede entender la defensa a ultranza del buen trato para con los animales, pero nos tememos que, aprovechando la coyuntura, los políticos nacionalistas, se han apuntado al carro identitario. En efecto, todo lo que pueda tener cierto tufo a españolismo debe erradicarse de la sociedad catalana, y en ese sentido a los políticos independentistas les ha venido a pelo la iniciativa legislativa popular sobre la abolición de las corridas de toros. Pascual Maragall, en 1988 siendo alcalde de Barcelona, impuso la Medalla de Oro al Merito Artístico al torero catalán Joaquin Bernadó. En las decisiones políticas respecto a este tema, existe una incoherencia manifiesta. No se trata de preservar del mal trato a los animales, en realidad se trata de erradicar de Cataluña las corridas de toros porque se las identifica como “la Fiesta Nacional”, sino veamos como midiendo con otro rasero, la Comisión de Cultura del Parlament de Cataluña ha blindado los correbous, argumentando tradición popular. Circula por la red un manifiesto de una plataforma en defensa del caracol aludiendo al acreditado y sabroso plato de la Terra Ferma “cargols a la llauna”. Ya supondrán a lo que me refiero aunque suene a broma, y otras prácticas no menos cruentas que una corrida de toros pero que son “tradicions del nostre poble” y deben ser respetadas. Queda patente que la preservación de los derechos de los animales está en función de los intereses de los políticos de turno que les perpetúe en el poder. Es la hipocresía y doble moral a que nos tiene acostumbrada cierta clase política. Este asunto anti taurino no es más que una falacia que bajo el paraguas de la defensa de los animales encubre el verdadero propósito diferenciador con el resto de España, las corridas de toros forman parte del folclore nacional y son un elemento de flagrante españolidad y por tanto deben ser erradicadas de nuestro territorio.
Una vez más, en esta ocasión un espectáculo taurino, sirve de pretexto a la clase política para enfrentar a Cataluña con el resto de España.
El evidente cinismo puesto de manifiesto en la cámara catalana esquivando argumentaciones nacionalistas, condenando el presunto componente cruento de los toros, que evidentemente lo tiene pero, obviando y blindando otras prácticas crueles con animales que se producen en pueblos de nuestro territorio como tradiciones ancestrales o simplemente como diversión popular, ello revela el empecinamiento de un sector del Parlamento catalán en el rechazo a todo cuanto se considera enraizado con lo español. Cercenar la libertad de expresión en un espectáculo que aglutina cultura, sentimientos, tradición, y fuente de riqueza para un sector que del que dependen muchas familias, es dar un paso atrás restringiendo nuestros horizontes.
Los que amamos a nuestra tierra no podemos por menos que entristecernos por este nuevo desafortunado episodio protagonizado por intereses políticos y electoralistas, que ensombrecen nuestra historia, merman nuestro prestigio y cuestiona nuestra universal forma de entender la libertad.
Luís Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 4 de octubre de 2010
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