El pasado 22 junio tuve la oportunidad de visitar con el
Rotary Club de Tarragona el complejo deportivo de Camp Clar, la denominada
Anilla Olímpica los Juegos del Mediterráneo Tarragona 2018.
Uno tenía cierto interés por
conocer in situ el desarrollo de la
obra cuya infraestructura se encuentra
entre un 80 al 90% de ejecución según la fase del proyecto, y las referencias
que me llegaban eran buenas en términos generales.
Al margen de las cifras que se
barajan respecto a la inversión y el coste de las obras, sobre la que ha habido
demasiadas especulaciones después del fiasco producido por el aplazamiento del
evento hasta el próximo año; no entraré en valoraciones políticas porque lo
evidente es que una oportunidad como la que se presentaba para nuestra ciudad
no podía desaprovecharse y el retraso producido de un año ha facilitado el entendimiento de
todas las administraciones, empresas privadas y sociedad civil para llevar a
buen puerto una de las actuaciones de mayor envergadura en un solo complejo
urbano en Tarragona.
La opinión de las personas
reunidas con cierta relevancia en la ciudad y la mía propia, han coincidido:
los Martorell, Font-Quer, Creus, Calderón, Fortuny, Tornero, Salas y Calvo,
salvo matizaciones, la impresión una vez finalizada la visita, fue unánimemente
satisfactoria.
La visita comenzó con el
preceptivo uso de casco y chaleco, firma del documento de responsabilidad
voluntaria y una pormenorizada y clara explicación, sobre plano, de la extensa
área, ilustración que condujo con excelente didáctica el coordinador deportivo
Sr. Pere Valls.
A continuación comenzamos la
visita acompañados por el coordinador general Sr. Javier Vilamayor y el propio
Sr. Valls.
Desde la entrada principal de la
anilla se accede a una amplísima avenida que se prolonga en línea recta hasta
el final del recinto en cuya parte exterior se habilitará un aparcamiento para unos 4.000 automóviles y
autobuses; a la derecha de la avenida se yergue el magnífico y espectacular
pabellón dotado con la tecnología más avanzada, con capacidad para 5.000
espectadores, con localidades retráctiles que podrán reducir el aforo a 2.000
cuando no sea necesario utilizarlo plenamente, por otra parte se ha tenido en
cuenta la sostenibilidad energética con un original sistema de lamas verticales
que orientadas a la latitud solar según su trayectoria, permite proyectar la
luz natural en el interior optimizándola hasta
prácticamente la puesta de sol, lo que unido a una amplia claraboya de
nueva generación instalada en la cubierta, asegurará una óptima claridad en su
interior. Este ahorro energético se ha considerado en todos los ámbitos. Otra
novedad es que los servicios técnicos, control, y logística del pabellón, se
encuentran ubicados en el subsuelo adyacente, consiguiéndose un aprovechamiento
máximo de espacio en el interior en cuya pista podrían albergarse cuatro campos
de futbol sala, lo cual da idea de su enorme dimensión. 
A la izquierda nos encontramos
con la fantástica nueva pista de atletismo, ocupando el mismo enclave de la
antigua, pero totalmente renovada, dotada con el nuevo tartán homologado
de máximo rendimiento para alta competición
con capacidad para ocho calles; igualmente la avanzada tecnología está presente
en las jaulas de lanzamiento, el láser de foto finis, los fosos para pértiga y la ría
regulable con dos niveles de profundidad según sea la carrera de 3.000
obstáculos masculina o femenina. Por otra parte se ha mantenido muy
acertadamente una parte del murete de piedra de la antigua instalación de las
gradas.
Debo significar que se ha
resuelto la cuestión de acceso para las personas con discapacidad motriz de
forma muy natural, mediante una pasarela elevada integrada en la obra, con un
mínimo de porcentaje de pendiente que se prolonga hacia todas las instalaciones
deportivas.
La piscina olímpica
descubierta de 50 m. es otra inversión
proyectada como todas las demás, con criterio de su aprovechamiento para
posteriores competiciones, entrenamientos, y mera utilización de la ciudadanía,
con gradas desmontables con capacidad para 3.000 espectadores.
Esto en cuanto se refiere a
las instalaciones deportivas, pero lo por lo que uno ha quedado más gratamente
sorprendido es por el manifiesto sentido común, objetividad, pragmatismo y
visión de futuro con que se han gestionado las 28 hectáreas del anillo. Casi el
50 % se han dedicado a zonas verdes, con arbolado de especies autóctonas y lo
que se considera ajardinamiento mediterráneo; los caminos y viales que alternan
distintos pavimentos, desde tierra compacta hasta moderno adoquinado, nos
permitirá transitar paseando o haciendo runing hasta un bonito lago con dos
previstos embarcaderos para barcas de recreo que sin duda serán un atractivo
para las familias que se desplazarán a disfrutar de una agradable jornada.
Observo que en el lago ya se han instalado algunas especies de aves zancudas y
patos. El parque se extiende hasta las futuras instalaciones de IKEA y con un
plan para 4.000 futuras viviendas previstas será, un potencial humano del que
podrán disfrutar junto a los tarraconenses de otras zona desplazándose a este
magnífico parque que sin duda beneficiará a toda la ciudad.
Más allá de críticas u
objeciones que pudieran suscitarse, lo cierto es hoy por hoy hay 33 millones de
euros gastados que, a criterio de uno, no pueden haberse empleado mejor. Habrá
quien opine que la inversión podría haberse priorizado en otras instalaciones
cerradas y deteriorándose que todos conocemos, pero hay que ser consciente de
que cuando algo tan importante por la envergadura de la obra que quedara para
la ciudad y por la difusión de la marca Tarragona, no podía dejarse perder, ya
que una inversión de tal calibre no hubiera sido posible ni los sería en un
futuro.
Mi enhorabuena a todos los
implicados en el proyecto, y ahora todos en la medida que sea posible a seguir
trabajando por el éxito de nuestros Juegos del Mediterráneo Tarragona
2018.
Luis Álvarez de Vilallonga
Tarragona, 23 de Junio de 2017





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